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Hay frases que pueden hacer
mucho daño, imágenes que duelen más que mil palabras
y silencios que matan. En estos tres pilares se basa la música
de SAVOY GRAND, conjunto de slowpop terminal británico
ninguneado por la prensa en el más flagrante caso de grupo infravalorado
de nuestro tiempo. No parece que su panorama vaya a cambiar, ni que a
ellos les importe. En estos tiempos de descarga y escucha rápidas
un grupo más lento que las obras de la Sagrada Familia y que necesita
de la máxima empatía del oyente lo lleva crudo.
"The Lost
Horizon" incide en el sonido del silencio cortado por esa
voz de cuchilla de afeitar que tiene Graham Langley y,
si bien el minimalismo radical de "Burn the furniture"
(Glitterhouse.2002) se matiza con ligeros detalles que distraen el drama
de los horizontes perdidos, unas programaciones escondidas aquí
y un poquito más de instrumentación allá apenas pueden
disimular el compromiso ético y estético de un grupo marcado
por la misma tristeza cruda que DAKOTA SUITE pero que con su distante
presencia ahoga todo rastro de falsedad, incomodidad o pudor.
SAVOY GRAND
no son de este mundo. En sus EPs apuestan por canciones que cualquier
otro guardaría para discos. "Reason to leave"
que abre este "The Lost Horizon" se arrastra
hasta que a los dos minutos consigue proyectar un amago de estribillo
-"Estoy buscando una razón para irme antes que para quedarme..."-
y los instrumentos despiertan de su letargo. SAVOY GRAND
a veces suenan a confesión, a carta a la ex para decir todo aquello
que no se aclaró en su día y, otras, a plegaría lanzada
al espacio para ver si alguien la escucha. "Between two
rivers" repite eso de "volverás"
sin acabar de creérselo. Otra gran pieza bordada de detalles insólitos:
esa trompeta que suena como el eco y los casi imperceptibles efectos de
sonido que, como las voces dobladas, transportan la canción del
plano emocional al vital.
“Life
by the roadside” con voz y guitarra acústica
vagabundeando sobre el silencio en equilibrio inestable suena a paseo
solitario. Seca y casi desierta, es la más corta y única
pieza prescindible de las cuatro. El cierre a lo grande. Los nueve minutos
de “From the gold hotel” arrancan
misteriosos. Una vez más a paso de tortuga, SAVOY GRAND
construyen ladrillo a ladrillo una canción que se vuelve fuerte
y casi barroca a partir de la mitad, dejando intuir un substrato slowcore.
Calma tensa que lucha por salir a la superficie y que, a pesar de quedarse
sin explotar, o quizás por eso, representa el cenit del nuevo EP
del grupo de Nottingham. El latido de la percusión se apaga y quedan
unos segundos de silencio. El disco deja de girar.
FERNANDO CAMPELO ( mayo 2004)
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