(Astro, 2004)

Con el título de su cuarto álbum, SCHWARZ parecen haber dado carta de naturaleza a mi peregrina teoría personal con respecto a su música. Aquella que afirmaba que dentro del carácter experimental y árido de su propuesta se oculta una línea transparente, una marca de agua como las de los billetes, de socarrón sentido del humor y de concepción lúdica de su propia música. Un equilibrio extraño entre una técnica experimental y sus propias ansias de diversión. Si su nuevo disco pretende ser una “Arty Party” , algo de esto debe haber en su música. Y el susodicho disco hace algunos esfuerzos para demostrarlo.

“Cheesy” , su anterior álbum, ya supuso un disco muy importante para lo que de común nos tiene acostumbrado la escena independiente celtibérica. Sin embargo, pasó tristemente ignorado, entre un marasmo de nimiedades que al parecer tenían más espacio ganado en la letra impresa que un disco que se manifestaba (y se manifiesta) pleno de sorpresas, personal, maduro y muy completo. Y otros cosecharon más elogios que una banda que parecía manejar sus fuentes con el suficiente conocimiento de causa como para conseguir una personalidad y un sonido que no por versátil dejaba de ser reconocible. Estamos hablando de una serie de elementos que por aquí no sobran precisamente, y que afortunadamente “Arty Party” mantiene y reitera. Tal vez ahora haya más suerte para una de las mejores bandas del país.

“Arty Party” muestra quizá mayor homogeneidad en el sonido, una síntesis más depurada de los elementos que hicieron fortuna de manera más ecléctica en “Cheesy” . Los habituales drones obsesivos, marca de la casa, se mezclan con sorprendente facilidad con una tendencia melódica que, por ocasiones, alcanza un delicado lirismo. Las adherentes melodías de “Hipnohimno” (título descriptivo donde los haya), “Nouvelle Vague” o “Raining Stars” las convierten en píldoras directas de una extraña manera de power-pop con reminiscencias indie. Mientras que la parsimonia de “Beauty Must Die” o “100% Fun-Free” son soberbias muestras de esa faceta intimista que cada vez manejan con mayor soltura. Existen por supuesto incursiones en sonidos más áridos, en la versión más intensa y cruda de la obsesión hipnótica que siempre ocultan de una manera u otra sus temas. El gráfico concepto de “rallante” se creó para artefactos como “Droning Forever” o “Psychotic Hypnotic” . De este modo, el homenaje explícito a los seminales SPACEMEN 3 (seguramente el grupo de culto del momento) en la enervante “Specimen 3” es una de esas menciones explicitas que sólo pueden orientar al muy despistado.

No en vano es la de SCHWARZ una de esas visiones puras de lo que la música psicodélica es o debe ser, que va más allá de mimetismos, de la identificación con un concreto periodo de tiempo y unas coordenadas estéticas. SCHWARZ recoge una tradición anterior al gran marasmo lisérgico de finales de los años sesenta, y también posterior a él, en un conjunto que si tiene algún elemento retro no deja de ser completamente contemporáneo. En realidad esa búsqueda de un trance turbador y enajenante, de una estupefacción inducida desde el sonido manipulado, es vieja como el ser humano. Y bien empleada y procurada, probablemente será también la música de sus últimos días.

Los discos de SCHWARZ , y ya van dos consecutivos, consiguen acercarse completamente a lo que pretenden. Y por eso da gusto escucharlos una y otra vez, descubriendo como guardan más y más secretos en su interior. A ver de cuántos se puede decir lo mismo.

ENRIQUE MARTÍNEZ (julio 2004)