( Zebra records , 2005)

No ha tardado ni un año el joven que se esconde detrás del apodo de Siwel en traernos la continuación de su debut. Aquél era un disco sorprendente, una obra recogida y precisa, en la que los ecos acústicos de influencias evidentes como la de Eliott Smith u otros cantautores melódicos del pasado, no permitían ocultar la calidad sorprendente de una obra de primeriza y extraña madurez. Melodías sostenidas sobre poco andamiaje, con la acústica dibujando trazos tenues, las cuerdas acentuando lo justo, y la voz casi susurrando intimidades y dudas post-adolescentes. Un buen disco, sin duda. Pero también un precedente de enorme exigencia.

Para continuarlo Siwel ha optado por una progresión en su estilo. Lo deja claro en la apertura, “Do You Think That There's Nothing I Can Lose?”, que si bien comienza exhibiendo esa precaria manera de construirse que ya hemos conocidos, a los dos minutos deja entrar una nueva plenitud. Batería, guitarras eléctricas, una cierta tormenta que sopla como viento en las velas; un sonido más pleno, más de banda. Sin duda, nos está anunciando que no vamos a repetir al dedillo las formas de su debut, que aquí encontraremos nuevas maneras en un autor que, inevitablemente considerando su bisoñez, todavía está y debe estar a la procura de sí mismo. Lo que hay que celebrar es que en esa búsqueda a tientas tropieza de continuo con aciertos y logros. Y eso ya no es tan normal, ni tan inevitable.

El segundo corte, “Far From Avalon”, es una nueva joyita en la misma línea de su debut. Pero la continuidad se rompe en “Lullaby”, cuya penetrante armónica nos lleva a Neil Young recogiendo su cosecha más bucólica e intimista. Y “Scar” se desarrolla como un turbio rito de pasaje sentimental, sensación que en realidad transmite todo el disco. Es un momento de complejidad inédita hasta la fecha, y que deja entrever una amplitud de registros que todavía está por explorar. Y el siguiente paso demuestra una sorprendente generosidad del autor para con su propia obra: recordando a lo que hiciera Greg Dulli en el seminal “Gentlemen” de los Afghan Whigs, Siwel le cede la voz solista a una voz femenina en “I Know How This Story Ends” (Isabel Castro del grupo Emma Get Wild), sugiriendo la clase de empatía que sólo poseen algunos privilegiados.

El ataque de “Unforgettable Moments of Forgattable Times” a la fibra del oyente es menos directo que el de su debut, y algunas de las verdaderas esencias del disco necesitan escuchas para hacer crecer el conjunto. Pero filtrándose poco a poco, el álbum va dejando en el oyente un poso a obra más madura, a paso adelante, y a excelente compañero de soledades. Explora una cierta electricidad y una mayor aspereza sonora en cortes como “If You Ever Had To Write A Song About Me” o “Mayuri”, y las oportunidades expresivas que se brindan así, son plenamente aprovechadas en registros más expansivos y catárticos, especialmente en el segundo corte. Tan sólo se perciben grietas en su primer intento en castellano conocido, “Ahora Ya No”, algo titubeante e inseguro, tal vez aún bisoño. Aunque, probablemente, la completa sinceridad que transmite la música de Siwel reclame este vertiginoso salto de idioma, y la ingente labor de aprendizaje, acierto y error, que supone. Como cantaban Radio Futura, maestros en esto : “hace falta valor” .

Mientras tanto, el perfil de Siwel se va definiendo cada vez más. Y en un año que se está configurando como absolutamente brillante en el indie nacional, sea cantando en inglés, castellano, o en lo que cuadre y apetezca, este segundo disco será una las referencias principales, por sorprendente que parezca. Así, casi que da más gusto.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Septiembre 2005)