( Sub pop - Houston party, 2004 )

Muy por encima de la pompa y los eslóganes promocionales (ya saben: que si son la mejor banda de EE.UU. según la revista Time, que si el mejor del mundo según el mítico crítico Greil Marcus), lo cierto es que ponerse frente a frente con este sensacional “The Woods” (Sub Pop-Houston Party, 2005) , el ya séptimo álbum de SLEATER KINNEY , te deja tan aturdido, sobreexcitado y noqueado que ¡buff!, cuesta encontrar algo en el rock actual que esté a la altura de esta avalancha de energía y potencia. Pónganselo en las orejas, suban el volumen y disfruten: estamos ante uno de los discos del año.

Parte de la magia de Janet Weiss , Corin Tucker y Carrie Browstein es, un mi opinión, la de afrontar el rock en un doble trayecto de extremos antagónicos. Por un lado está ese minimalismo rudimentario y perversamente inocente de BEAT HAPPENING (ellas también son de Olimpia, sede del desaparecido grupo y de K Records) y, por otro, el rock expansivo y denso cuya referencia más obvia sería LED ZEPPELIN (en ocasiones, como en el final “What´s mine is yours”, ya entramos directamente en el terreno del hurto), incluso en ese constante ramalazo ruidista que, por inercia, muchos asimilan a SONIC YOUTH y que, realmente, tiene más que ver con la banda de Robert Plant o aquella manera de deconstruir el r&b de THE WHO de los 70. Vamos, que esto es rock con alma de club pero maneras de estadio y mirada de grandeza, que igual puede embaucar al jovenzuelo “descargatodo” de revista de tendencias y/o gratuitas, como al hoy treinteañero que a los 15 tenía un ojo en GUNS N´ROSES y otro en los PIXIES o, también, ese oyente más adulto que desearía escuchar algo nuevo, pero al que los STROKES o WHITE STRIPES no le dicen (absolutamente) nada.

En esta ocasión han recurrido a los servicio del cada vez más solicitado Dave Fridmann, que con producciones como ésta (o la del “Great Destroyer” de LOW) se está quitando el san benito de neo-clasicista que pendía a sus espaldas entre sus detractores (que sí, pese a lo que pueda parecer, hay quien piensa que discos como el “Hate” de THE DELGADOS hubieran sonado mejor sin él). En “The Woods” el sonido es visceral, cortante y recio, de cuerpo setentero y pegada noventera, y no desvanece en ningún momento. Desde la incandescente apertura de “The Fox” (todo un escape libre de energía que remite a como aquel “Big Exit” de Pj Harvey abría su “Stories From The City, Strories From The Sea”), hasta esa la dupla final formada por ultra-zeppeliana “Let´s call it love” y “Night light” (ambas con ese sustrato blues y regusto de pesadez proto-heavy), lo que oferta “The Woods” es una continua montaña rusa de electricidad, furia desbocada, aullidos afilados y sorpresa, constante sorpresa. Nada es lo que piensas que va a ser: de pronto las tienes sueltas en “Entertain”, surfeando la ola de con esa dicción super-cool de Carrie, y súbitamente la cortan en un amenazante y primitivo desarrollo castrense; o cabalgan sobre del rock calmo de “Rollercoaster” y, sin previo aviso, surge una sombra de saturación que obliga a bajar el volumen pensando que el altavoz reventó. Dos de los múltiples contrastes de un disco hecho a base de un histérico y desbordante discurso de explosión-destrucción-construcción en orden no previsto.

Preguntaba desafiante Kim Gordon (SONIC YOUTH), en los primeros 90, si existía miedo a un planeta femenino. Fue en esa década cuando Pj Harvey se encargó de colocar el listón rock a una distancia insuperable para todos. Ahora, en la década presente, solo falta que SLEATER KINNEY dispongan un par de discos más de este calibre y en el 2010 estaremos diciendo lo mismo. Y es que -se escucha, se siente-, nadie grita, rasga y golpea como ellas.

JAVIER BECERRA (Agosto 2005)