(COLUMBIA, 1971)

La fiesta se había terminado y el sueño se había roto. Y algo dentro de Sylvester Stewart, alias Sly Stone, también. La esperanza de integración racial que representaba la Family Stone, la festiva vitalidad que transmitían sus maravillosos y rompedores discos, donde el funk, el soul, el rock se hermanaban (como los músicos blancos y negros, masculinos y femeninos de su formación) sin complejos y valientemente, para llevar a todos estos géneros hacia delante. Sly era un innovador que te lo hacía pasar bien con sus experimentos, que te empujaba a la pista de baile. Pero tal vez él mismo se lo había pasado demasiado bien y llegaba el momento de sufrir. Demasiada coca, por si alguien no está entendiendo todo esto.

"There´s A Riot Goin´ On" se convirtió en otra obra maestra, quizá la mayor. Pero su nacimiento fue terriblemente accidentado: toda la banda estaba destrozada por los excesos y por las desavenencias internas, el disco fue grabado de un modo caótico, con gente entrando y saliendo de un estudio que era una fiesta de color blanco: las cintas que se perdían y nadie sabía donde estaban. Esto llevó a Sly a grabar él mismo mucho del material. Ejerciendo su faceta de multiinstrumentista, y también introduciendo una extraña mezcla de percusión orgánica y las primeras cajas de ritmos en el mercado, lo que otorga al disco una fascinante y bizarra sonoridad.

Para comprender la diferencia entre este disco y sus precedentes basta comparar la versión incluida de "Thank You", en este caso una mezcla oscura, obsesiva, con un bajo que agobia en vez de incitar a bailar, y compararla con el exultante single que se había publicado antes. Y ese es el tono generalizado en el disco. Una obra en la que la jams instrumentales se dejan ir, pero sobre todo se arrastran, como la voz de Sly, que suena dolida, confusa y desesperada. En las letras se mezclan el desquiciado estado mental de Sly ("Runnin´Away" relata de un modo festivo su adicción a la coca, en un ejercicio de ironía devastador) con comentarios políticos que están lejos del optimismo ("Thank You For For Talkin´ To Me Africa"). Y aún así resulta una obra poliédrica, repleta de genialidades. Sly siempre se había auto producido, y de este modo se dio una libertad absoluta para hacer lo que le vino en gana, para expresarse, ya que como afirma en "Poet" "mi única arma es mi pluma, soy un escritor de canciones, soy un poeta".Hacer este disco era su única salida del pozo. Y para conseguirlo siguió utilizando las voces, las percusiones, los vientos, los bajos y los teclados de un modo diferente a todos los demás. Sólo que esta vez las baladas sonaban dolidas ("Time"), y los tiempos rápidos también ("Family Affair"), si no resultaban completamente desquiciados ("Spaced Cowboy")

Siempre se ha dicho que Sly fue uno de los mayores innovadores de la música negra. Tal vez nunca más que en esta ocasión: el primer disco de música de baile que expresa el dolor y no la alegría de vivir. Otro día hablaremos de Tricky, de Massive Attack y del Trip-Hop. La lección de hoy ha sido "There´s A Riot Goin´ On".

Lo que me recuerda que Columbia/Legacy no ha entregado los deberes: ¿Para cuando una reedición en condiciones del catálogo de Sly & The Family Stone?. Este disco cumple treinta años, y aún no se escuchan los fastos para celebrarlo.

ENRIQUE MARTINEZ