 
(Spaceman - Sanctuary, 2003)
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Está claro que a
Jason Pierce le gustan cuatro cosas fijas y muy bien
escogidas. Y también es evidente que sobre esas claves fijas, y
no otras, construye su propia música. Así que sorpresas
pocas. En la proporción de cada cosa se encuentran las pequeñas
variaciones de la pócima, pero las innovaciones son, y en realidad
pueden ser, escasas. “Amazing Grace” muestra,
y así ha sido anunciado, una versión más desnuda,
simple y económica de Spiritualized, despojados
ahora de toda la pompa y circunstancia que marcaba “Let
It Come Down”, su anterior entrega. Según Pierce
son los White Stripes y grupos de onda similar los que le han impulsado
a realizar una vuelta a lo básico. Simplicidad entendida en sus
propios términos eso sí, pues aquí vuelve a haber
una profusión de coros, vientos y cuerdas que en otros caso nos
llevaría a hablar de “superproducción”. Puede
que tampoco estuviera el horno para cocer un bollo tan exageradamente
caro como el anterior, pero lo cierto es que se agradece esta nueva pequeña
variación, la sensación de naturalidad que desprende un
disco grabado en pocas semanas, escaso en trucaje y repleto de intensidad.
Parafraseando en primer
lugar un clásico “gospel” y recargando una guitarra
que es puro Stooges (“This Little Life Of Mine”),
parafraseando después un clásico de Phil Spector y sus Crystals
(“She Kissed Me (It Felt Like a Hit)”)
y desatando un rock’n’roll a la MC5 absolutamente desbocado
y reminiscente de “Electricity”,
las nuevas y viejas credenciales son presentadas en todo su esplendor.
Nuevamente dos baladas redentoras, y aunque breves, épicas y expansivas
(“Hold On” y “Oh Baby”)
dan lustre e impulso emocional definitivo a un disco que nunca oculta
sus cartas y que invita a jugar a aquél que tenga asumida la naturaleza
del juego.
No vale la pena engañar.
“Amazing Grace” difícilmente será
considerada la obra maestra de Pierce, puesto que probablemente ocupará
“Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space”
de aquí a los restos. Pero el “fan” nuevamente encontrará
y se enganchará a lo mejor de las marcadas señas de identidad
de Spiritualized, en otro disco emocionante y vigoroso. Volverá
a percibir nervio rockero en el aroma Spacemen 3 de “Never
Goin’ Back” o en el ritmo entre Bo Diddley y
Bob Dylan de “Cheapster”. Volverá
a asistir a suicidas incursiones en el free jazz y Avant Garde en “The
Power And the Glory” o en fragmentos de la delicada
y frágil “Rated X”. Y, como
no, el extraño fervor del gospel blasfemo y de las confesiones
descarnadas en “Lord Let It Rain On Me”, “The
Ballad of Richie Lee” o “Let It Down Slow”.
Como siempre tenemos atmósferas
perfectamente construidas, crescendos irresistibles y una constante reiteración
de estructuras, en la letra y en la música, porque Pierce no engaña,
y esa música negra que tanto le gusta siempre ha sido así.
Y, sobre todo, tendremos la misma sensación que ya tuve cuando
vi al inefable Spaceman (sentado durante de lado al público toda
la actuación y sin decir nada) y su estupenda banda en el BAM,
presentando este disco entero antes de su publicación. Que a Pierce
le da exactamente igual lo que opinen los demás. Y que para nosotros
es mucho mejor que así sea.
ENRIQUE MARTINEZ
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