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Ocurren demasiadas cosas
ahí afuera como para que los mejores artistas las ignoren. Indudablemente,
Steve Earle es de los mejores. Y desde hace muchos años
uno de los mayores dolores de cabeza para el cada vez más acomodaticio
y reaccionario "mainstream" de Nashville: como izquierdista
convencido, abolicionista de la pena de muerte, partidiario del control
de armas, defensor de la pureza de espíritu en la música
y portador de la llama eterna de Woody Guthrie y los cantautores
protesta. Ahora, coge otra vez el toro por los cuernos con su indómito
carácter tejano para analizar el 11-S y sus consecuencias, poniendo
bajo una luz nada favorecedora la labor de su paisano George W. Bush y
la gente que ne verdad le dicta el guión. Y lo hace como lo ha
hecho todo desde que comenzó en esto: con clase y convicción.
Dotado de esa conjunción de talento innato para escribir canciones
memorables y narrar historias, de personalidad sólida para defender
sus ideas contra la marea dominante y de intelecto libre para tenerlas,
Earle nos regala otro estupendo disco, esta vez puede que más necesario
que nunca. Un álbum que intenta terminar el trabajo que Springsteen
ha dejado a medias en "The Rising". Pues en "Jerusalem"
Earle no sólo busca consuelo o reconciliación, sino
también conocimiento y análisis de conciencia.
El disco parte de un primer
bloque altamente politizado, en el que suena más rockero que nunca,
con temas imponentes y sólidos como "Ashes to Ashes",
"Amerika v 6.0" y la muy country "John Walker
Blues" en el que incluso asume le punto de vista del joven
talibán norteamericano preso en Guantánamo, intentando entender
sus motivos. Después recorremos una región más intimista
en la que canciones tan conmovedores como "I Remember You"
o "The Truth" acompañan ejercicios más
luminosos como "The Kind". Y finalmente una última
plegaria por Palestina ("Jerusalem") cierra otro disco
sólido como una roca, en la línea a la que nos tiene malacostumbrados
este clásico vivo de la canción americana.
Los malos momentos para
vivir suelen ser la antesala de los grandes momentos para crear. Este
vuelve a ser el caso para Steve Earle. Y por desgracia para nosotros
también. Tal vez, en lo que a canciones se refiere, contra Bush
vivamos mejor.
ENRIQUE MARTÍNEZ
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