(MOTOWN, 1972)

Es muy fácil hablar bien de un disco que contiene "Superstition". También es fácil hablar de un disco que contiene "You Are The Sunshine Of My Life". Si sabes que el autor y extraordinario intérprete de estas canciones es además productor y arreglista de las mismas, y se encarga de tocar prácticamente todos los instrumentos, es fácil también hablar de este autor. Quiero decir: es tan fácil hablar de Stevie Wonder y de "Talking Book", que uno no sabe que decir.

"Talking Book" es el primero de los grandes discos de autor de Wonder, después de su declaración de independencia artística con "Music From My Mind" (1972), que inauguraba su etapa de prodigiosa creatividad que le llevó a ser uno de los grandes creadores de los años setenta. La racha posterior de grandes obras, consolidó a Wonder como uno de los mayores genios de la música negra de todos los tiempos, un caso excepcional de niño prodigio convertido en maestro prematuro. Investigando con los incipientes sintetizadores se permitió el lujo de controlar casi todos los aspectos de su obra, mientras que progresivamente una conciencia social y política que iba a más, comenzaba a manifestarse en sus letras.

En esta ocasión el disco resulta mayoritariamente una romántica colección de canciones de amor y desamor dedicadas a Syreeta Wright, su mujer de entonces, y compañera de voces en la hermosa y rendida "You Are the Sunshine of My Life". En "Talking Book" podemos disfrutar de una serie de baladas marca de la casa, algo saturadas de azúcares ("You and I (We Can Conquer the World)", "Blame It on the Sun", "Lookin' for Another Pure Love"), que se acercan peligrosamente al empalago, pero que se salvan gracias a la visionaria brillantez de su producción y a las extraordinarias dotes vocales de un Wonder prodigioso. Como cumbre de esta faceta del disco el cierre y esperanzador broche de oro: "I Believe (When I Fall In Love It Will Be Forever)", preciosa y compleja balada con un estallido gospel tan febril que le hace a uno creer como Wonder entonces, que el amor carnal no sólo puede ser eterno, sino que también es una genuina vía de redención espiritual. Cuando fue escogida como cierre para los créditos finales de "Alta Fidelidad" hubo que rendirse sin condiciones ante la mano maestra con la que se escogió aquella banda sonora.

Por otro lado se percibe una incipiente vena social, que se manifestaría del todo en el siguiente álbum: "Innervisions". "Big Brother" entra de lleno en harina, denunciando la hipocresía de los políticos blancos recolectando votos en los barrios negros. Y en "Superstition", Wonder sermonea sobre los peligros de las creencias irracionales. Sin embargo en este caso el mensaje sucumbe al medio: uno de los mejores singles de todos los tiempos y uno de los más prodigiosos "grooves" jamás construidos. A partir de un teclado (clavinet) utilizado como instrumento casi percusivo con unos arreglos de viento sensacionales, la infección de ritmo resulta inevitable. No en vano, Wonder había escrito el tema pensando en dárselo a Jeff Beck, pero el astuto Berry Gordy olfateó el "hit" y le ordenó grabarlo rápidamente y publicarlo a su nombre. Un número uno como aquél no se podía dejar pasar.

Así que más de treinta años después, aún la prodigiosa música de Wonder, tan repleta de colorido que parece una suerte de poliédrica visión alternativa a aquella de la que el propio Wonder carece, nos puede infectar de groove y hermosos sentimientos. Un álbum imprescindible en tu colección.

ENRIQUE MARTÍNEZ