 
(Acuarela, 2002)
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Personaje clave en “ese”
rock de los 90 (el de Jeff Buckley, Afghan Whigs o Pj Harvey)
al frente de COME, el nombre de Thalia Zedek,
ahora caminando en solitario, sigue siendo igual de importante (y, me
temo, ignorado) en la presente década. Ya lo demostró en
“Been here and gone”, su excelente lp de
debut (que tarde o temprano recuperaré para estas páginas),
y ahora nos entrega un apéndice que vale su peso en oro. De la
misma manera que en éste, la actual Thalia lima las aristas y la
fiereza que contorneaban su anterior obra, pero sigue resultando igual
de conmovedora. De hecho, una pieza tan clásica como “Candy
Says” de la Velvet Underground, con
la que -imagino- encontraría Thalia conexión vital, parece
un lienzo hecho para que ella le dé color su agria y expresiva
garganta. No es la única versión incluida, ya que el tema
homónimo es otra sentida relectura del tema de Bob Dylan
en plenitud de facultades. Junto a ambas, cuatro cortes de cosecha propia
hacen de este mini-cd una maravilla de disfrute continuado. “JJ85”,
con su disimulada querencia oriental, la apesadumbrada “No
Substitutions”, junto a ”Everything
unkind” y “No Fire”, ambas continuadoras
de esos medios tiempos que aúnan esa tensión y ese dramatismo
tan característicos en su carrera, son las compañeras de
viaje de un título con el que sigue afianzado lazos con nuestro
país (pululan por los agradecimientos los nombres de varios miembros
de Manta Ray, Paco Loco y Muni entre otros) y con el
que ha recibido el refrendo unánime de una crítica, que
en algunos casos ha llegado a decir que éste es su mejor trabajo.
¿Mejor aún que “Near life experience”
de COME?. Ummm, permítanme que lo ponga en duda...
JAVIER BECERRA
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