(Anti-Epitaph, 2002)

¿Alguna vez te has hecho "esa" pregunta? Quiero decir LA GRAN pregunta. ¿Te has preguntado si verdad el mundo es un buen lugar, si la gente merece realmente la pena, si te puedes fiar de verdad de alguien?. ¿Has sentido alguna vez que la miseria es el río que atraviesa el mundo de punta a cabo?. ¿No has llegado a la conclusión, de que da igual lo que hagas, que seas bueno o mezquino, porque todo se va al infierno de todos modos?. En "Blood Money", Tom Waits te dice que así es. Pregúntate ahora si estás dispuesto de verdad a escucharlo. Porque este tipo singular es muy capaz de convencerte de ello.

De los dos discos mellizos que acaba de publicar simultáneamente Waits, tal vez "Blood Money" sea el "hermano feo pero listo" de la "parejita". Como "Alice", tiene su origen como banda sonora co-escrita por Waits con su mujer Kathleen Brennan para un montaje teatral de Robert Wilson, adaptación en esta ocasión del "Woyzeck" de Georg Büchner. Por lo tanto, es un disco determinado a crear una atmósfera y a colaborar en el relato de una historia como si de un musical se tratara. Pero con una sustancia propia tan cierta como lo son sus limitaciones a la hora de contar por sí solo la historia de un soldado prusiano en el siglo XIX, que se somete a cambio de dinero a experimentos médicos del gobierno. Dinero finalmente "sangriento" al alterar su estado mental y precipitarle al asesinato cuando se descubre engañado por su esposa, y siendo presa desde entonces de una clarividente y peligrosa locura. En este aspecto puede parecer un disco prácticamente idéntico a "Alice": narrativo, teatral, unitario. Una simple inversión de las proporciones de rudeza y delicadeza de éste. De hecho ha sido grabado casi simultáneamente y por los mismos músicos. Sin embargo, y en realidad, es un disco muy diferente, pues cuenta una historia muy distinta.

Sin resultar ajeno a las tonalidades ocres y al romanticismo propio de Waits, esencialmente lo que nos encontramos aquí es, musicalmente hablando, al Waits del sonido más excéntrico, rudo y extravagante que hizo su aparición en "Swordfishtrombones". Con ese tratamiento mutante de la polka, el jazz, el cabaret, el blues y el rock, con una evidente influencia de Captain Beefheart y Howlin´ Wolf en su perversa voz. Con esto construye un disco que recuerda al expresionismo cinematográfico alemán de entreguerras. Sombras alargadas, figuras deformadas y ángulos imposibles contribuyen a producir imágenes irreales. Que no han nacido para falsear la realidad o para mentir, sino para expresar un punto de vista sobre la misma, para decir la verdad. Al menos una verdad. Un disco esencialmente claustrofóbico, oscuro y violento, teñido de rojo intenso, repleto de sombras. De profundo pesimismo antropológico y existencial.

Hay que concluir entonces que, a pesar de sus carencias (Waits se ve obligado a interpretar él mismo papeles diversos, incluso femeninos con una única voz) y de un inevitable "deja vu" sonoro, "Blood Money" es una victoria artística y una misión cumplida. La atmósfera creada expone la tesis de "Woyzeck" (este mundo es un lugar podrido, terrible y cruel) y la consigue transmitir de manera persuasiva. Los reproches referentes a su incapacidad para ofrecer una ruptura con respecto a la línea artística habitual de Waits en los últimos años estarían entonces fuera de lugar. Primero: porque, si bien es claramente reconocible el estilo de Waits, éste se muestra como un instrumento versátil, capaz de adaptarse con éxito a mensajes tan diversos como los escondidos en "Alice", "Blood Money" y "Mule Variations". Segundo: porque el lugar de Waits en la historia del rock, como uno de los grandes renovadores secretos de su lenguaje, hace ya tiempo que, por méritos propios innegables, permanece sólidamente grabado en piedra. En este disco la percusión, el tratamiento de los vientos, la estructura de las canciones, su manera de arreglarlas... es todo lo suficientemente excéntrico para no encontrar otro disco similar a éste publicado este año. Salvo "Alice", claro.

Por contraste tal vez, por pura calidad sin duda alguna, los momentos de lirismo de "Blood Money" son de una belleza intensa, conmovedora y casi desgarrada. El conjunto que forman "The Part You Throw Away", "Another Man´s Vine", "Lullaby","Coney Island Baby", "Woe" y "All The World Is Green" son los fugaces instantes de (muy) relativa reconciliación con el mundo, en esta historia en la que las sombras, los bajos impulsos y una visión derrotista y nihilista del género humano dominan la escena. No deja de ser la proporción habitual que te encuentras si enciendes la televisión a la hora de las noticias.

En el descenso al Infierno del enloquecido soldado, Dios está de vacaciones ("God´s Away In Bussiness") y no se puede decir nada bueno de la humanidad ("Misery Is The River Of The World"), así que de escaso interés puede tener ser dulce, cuidadoso y amable porque todo se va al infierno de todos modos ("Everything Goes To Hell"), y así un buen hombre es muy difícil de encontrar (en la travestida "A Good Man") en un mundo cruel, en el que asesinos, ladrones y abogados están al cargo, en el que la mayoría están muriendo de hambre en el vientre de una ballena ("Starving InThe Belly Of A Whale").

Como "Alice", y en esto si que se parecen estos dos discos, "Blood Money" es un bicho raro hoy por hoy. Es un disco brillante, entretenido, bien hecho. Pero además y sobre todo, quiere contar algo, dar una opinión autorizada. Y consigue hacerse entender. E incluso consigue hacer el mensaje significativo y relevante. Algo tal vez previsible porque esto de la música todos sabemos que es lo menos democrático del mundo, y que hay (eso sí, por méritos) un auténtico y justo sistema de clases, yo diría incluso de castas. Waits, por mucho que su personaje de vagabundo y borracho haya creado un estereotipo, en realidad está en lo más alto de la pirámide. Es el rey exiliado y en harapos. El que conoce unas cuantas verdades y las sabe contar muy bien. Yo siempre le escucho atento. Y lo saludo con una humilde y sincera reverencia.

ENRIQUE MARTÍNEZ