( Anti, 2004 )

En tiempos de decadencia quedan pocos nombres infalibles a los que aferrarse como al proverbial clavo ardiendo. Tom Waits es uno de ellos. En estos últimos años, desde su alianza insospechada con el sello Anti que inauguró con el prodigioso “Mule Variations”, hemos podido constatar que su enorme personalidad, diseñada para habitar el margen de la carretera principal, encuentra perfecto acomodo y felicidad en la absoluta libertad creativa que su actual posición de cabeza de ratón le proporciona. Haciendo uso, y casi abuso, de esa libertad creativa nos ofrece su última entrega, “Real Gone”, el que tal vez sea su disco más difícil desde el ya lejano “Bone Machine”.

“Real Gone” es un disco de gravilla y herrumbre. Áspero y rudo, aunque también profundo, lleva más lejos que nunca la faceta más “difícil” de Waits, aquella que se comenzara a intuir en “Heartbreak And Vine”, se consagrara en el seminal “Swordfishtrombones” y encontrara su paroxismo provisional en “Bone Machine”. Desde entonces, esta cubista y agresiva exploración de la música tradicional norteamericana y centroeuropea se había convertido en un recurso sabiamente dosificado. No así en “Real Gone”, para el cual Waits grabó horas de su propia voz profiriendo rugidos y golpes guturales, dejando su garganta al rojo vivo, sangrando y esputando los jirones de carne, convirtiendo este material en un peculiar instrumento percusivo. Sobre esta insospechada base rítmica su renovada banda, en la que el piano brilla por su completa ausencia, grabó las pistas instrumentales, dejando como resultado un sonido único, aunque reconocible. La escueta banda, que incluye ilustres como el prodigioso guitarrista Marc Ribot, Les Claypool (bajo) y Brain (batería) de Primus, el veterano bajista Larry Taylor o la propia hija de Waits, Casey, a la percusión y turntables, ha sabido comprender a un verdadero marciano de andar por casa y nos ha conseguido regalar otro disco extravagante y especial, habitante feliz de una dimensión sonora propia, una suerte de hip hop tradicionalista y rústico que rompe todas las convenciones y suena más vanguardista que toda la electrónica del mundo. Repleto de “grooves” cíclicos de funk pantanoso y blues del Delta, por momentos parece un álbum de dance music para zombies epilépticos. Las tersas líneas de Ribot tornan, por ejemplo, “Hoist That Rag” en un mutante ritmo afrocubano en el que por su parte Waits nos regala simultáneamente una ruda exhibición vocal y una hermosa melodía subterránea. La clase de cosas que sólo ocurren en uno de sus discos.

Waits, que mantiene una envidiable y sabia mezcla de inquieto espíritu juvenil y sabiduría acumulada con los años, vuelve a ofrecernos un recorrido por su mundo literario repleto de gramática de blues y folk y personajes legendarios de cosecha propia de la América de los olvidados. “Real Gone” supone también una cierta prolongación del espíritu oscuro, pesimista y casi apocalíptico que fuera el hilo conductor de “Blood Money”. Conforme los años pasan y desafiando tópicos, no sólo Waits es un artista estéticamente menos acomodado, sino que también más comprometido con sus tiempos. En “Sins Of The Father” la larga y perezosa letanía expresada en términos casi bíblicos alcanza momentos prodigiosos en versos de penetrante visión: “Perversas son las ramas del árbol de la Humanidad/ Las raíces crecen hacia arriba y las ramas hacia abajo” . Waits incluso descubre una inédita faceta política, que deja un momento emocionante en la punzante balada antibélica “Day After Tomorrow”, epístola de un soldado desde el frente, llorando amigos e incluso enemigos caídos y soñando con el regreso a casa.

El romanticismo por el que es reconocido Waits va haciendo un discreto y progresivo acto de presencia hacia el final del disco, de manera que éste va endulzando su tono poco a poco con piezas hermosas y desnudas como “How's It Gonna End”, “Dead And Lovely” o “Trampled Rose”. Sin embargo, antes y durante, nos hemos dejado llevar en un recorrido por los pantanos y cacharrerías más ruidosas, invocando fantasmas como los de Captain Beefheart y otros legendarios shouters del blues como Screaming Jay Hawkins o Howlin' Wolf, cuyas enseñanzas Waits lleva más lejos que nunca en cortes como “Top Of The Hill”, “Shake It”, “Don't Go Into The Barn” o “Metropolitan Glide”.

“Real Gone” no es un disco diseñado para el neófito, pero sí un punto ineludible de encuentro para los iniciados en el universo de Waits y para los melómanos más inquietos. Si el rock ha podido alguna vez convertir a verdaderos patanes en falsos profetas, en el caso de Tom Waits somos nosotros los que debemos agradecer que un personaje de este calibre artístico haya decidido dejarse caer por nuestros pobres y destartalados pagos. Así que, una vez más y con toda humildad: Gracias Sr. Waits, muchas gracias. Cuando se le antoje pásese por nuestra casa.
ENRIQUE MARTINEZ ( octubre 2004)