 
(Shinkhansen-Elefant, 2000)
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Su
anterior disco, el glorioso "Lips that taste of tears",
fue uno de esos amores a primera vista que te dejan sin apenas respiración.
Trembling Blue Stars parecían un grupo especialmente diseñado
para mi. Su sonido partía del pop de toda la vida -guiño
a Beatles por aquí, guiño a Beach Boys por
allá- y llegaba a Belle and Sebastian, previo peaje por
el filtro que en los 80 tejieron The Smiths, Go-Beetweens
y la troupe de Sarah records. Todo trenzado con maestría artesanal,
un preciosismo de extrema belleza y servido en forma de radiantes canciones
impregnadas de sensibilidad, no-feeling e intimismo.
Poco
ha cambiado en su ya tercer trabajo y estos ex-Field Mice siguen
recopilando llorosas cantinelas acústicas que, poco a poco, se
crecen y recargan de instrumentos y hacen click en aquellos corazones
post-adolescentes que ven en la nostalgia la forma más bonita desde
la que observar al mundo. Y mientras el mundo gira, los colores de pelo
son cada vez más llamativos , el amor viene y va de manera caprichosa
y no entendemos como los nuevos fans de Belle and Sebastian son
capaces de llevar collares de perro en el cuello, encontramos en delicias
como "She just could´t stay", "To leave
it now"(un single perfecto si el mundo fuese perfecto) o "Dark
eyes" el sustento necesario para darnos cuenta que en la contemporaneidad
aún hay sitio para nosotros y nuestros traumas. Algo que en una
habitación como la mía, donde penden velas por Red House
Painters, Damon and Naomi o Belle and Sebastian, siempre
será bien recibido. Una auténtica maravilla de disfrute
infinito.
JAVIER BECERRA
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