 
(Elefant, 2003)
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No hace mucho, en una de
mis experiencias de campo por la noche de Inditex, el chupito de melocotón
(con hielo) y el “jo, tía que morbazo tiene el mulato
de la barra” una simpática chica, a la que alguien le
había contado que yo escribía de música, tras soltarme
eso de “¿ nunca te han dicho que pareces uno de los Beatles?”
( y es que nunca falla, a mayores se sustituye con una comparativa con
Harry Potter), me explicaba su visión de la música. Decía
ella que detestaba “con toda mi alma” a los chicos
de Operación Triunfo porque eran “artistas prefabricados
que ni tan siquiera componen sus propias canciones”. Al parecer,
sólo escuchaba música “de calidad”, a saber:
esas primorosas baladas de Amaral “ que me ponen la piel de
gallina” o esos certeros retratos generacionales modelo treinta
y tantos de Presuntos Implicados “que van directamente al corazón”.
Poco después me preguntó qué era eso del “indie”
y, la verdad, con esos antecedentes no supuse muy bien que contestar.
“Son grupos que graban en compañías independientes,
no es un estilo de música” creo que fue lo que contesté.
Sí recuerdo, por el contrario, perfectamente en qué pensé.
Pensé en Trembling Blue Stars y esa particular
manera de concebir el pop que ha quedado reflejada en su brillante discografía
sin hacer mucho ruido en la prensa. Cuatro inmaculados lp´s (sólo
el último, “Alive to Every Smile “
baja un poco la altísima media) y un puñado de singles que
sus fans guardamos como oro en paño. Y es que siendo (imagino)
THE SMITHS el grupo fetiche de Bob Wratten, es lógico
que, por educación musical, el modus operandi de TBS
tenga como única diferencia entre las canciones de los lp´s
y las que van en los singles, la accesibilidad que respecto a ellas tienen
sus seguidores. ¿ Es eso indie?. ¡Y yo qué sé!...sé
que en esta colección de enormes cositas pequeñas uno es
capaz de hallar uno de los catálogos más cómplices,
sensibles y sinceros de la música popular de la última década
y, si entendemos indie-pop como ese sonido medio triste, medio dulce,
siempre embelesador, creado en los 80 en torno al sello Sarah Records
y sus satélites probablemente las mejores muestras, por no decir
la mejor, del ídem esté hoy aquí. Para cuando la
chica apelaba a lo que “me comunican” los textos de La Oreja
de Van Goh, uno ya estaba definitivamente en otro planeta.
Este volumen, con el que
el grupo finaliza su relación contractual con el sello Shinkansen
(en España, todos sus trabajos han sido licenciados por Elefant,
el sello que a partir de ahora editará sus próximos discos
para todo el mundo) se trata de una más que necesaria recapitulación
a la discografía menuda del grupo, desperdigada en singles y ep´s
descatalogados, voluntariamente desordenados en este digi-pack de factura
impecable. Una lista de vinilos a 7” y cd-singles que se abre con
el mítico “Abba on the jukebox”,
aquel single de 1996 en el que Bob Wratten iniciaba este
proyecto que giraba en torno a la ruptura con Anemari, su pareja artistica
y sentimental en los años anteriores, y que se convirtió
en un himno para esas habitaciones en las que el silencio duele y la cama
vacía escuece, tanto como ese hondo agujero del corazón
que solamente una de estas canciones pueden aliviar. Era la primera pincelada
de “Her handwriting”, obra clásica
entre los clásicas de los 90 ( esa década en la que al parecer
no ha ocurrido nada interesante), esa que en mi copia tiene postituida
su portada con un garabato realizado en el pasado Soft Pop Tour (la primera
gira de los TBS en España) que dice: “To
Javier. Lots of Love. Bobby xxx March 2003” y que uno guarda
con mimo como una de sus más preciados fetiches discográficos.
Trembling Blue Stars es uno de esos grupos, como SMITHS,
THE SUNDAYS o CAT POWER, cuyas bases musicales y poéticas estan
prefijadas desde el primer al último disco. En consecuencia, logran
que un artefacto de estas características no revele en ningún
momento dispersión o cambios bruscos en su sonido, pese a comprender
un periodo de 6 años. Y en efecto, a excepción de la vigorosa
“ A Slender wirst”, una cara b del
ep “Dark Eyes” que apela a las guitarras
rock tal y como se hacía en los 80 cuando se invocaba el sonido
newyorkino, el resto del recopilatorio transita con robustez y seguridad
por los caminos de siempre: el agridulce pop hipersensible, entre la lírica
cantinela y el medio tiempo, de base acústica y poso melancólico
con eventuales coqueteos tecno y una nada disimulada inclinación
psicodélica. Pero los caminos de siempre son igualmente recorridos
con la maestría habitual. Ahí están piezas tan perezosamente
emocionantes como la hermosísima “Slow soft sights”
con esos teclados guiñando un ojo a los Beatles, la desolada “Smoke
and steam” que impregna todo tu cuerpo de ausencia
y dolor o “Doo-wop music”, que bien
podría ser la colisión de las Supremes con el indie ochentero.
Son las compañeras de “Smoke and steam”,
un magistral corte que eleva al oyente a regiones desconocidas de la mano
de un leve crescendo otoñal que muta en una malla ambient verdaderamente
ensoñadora, “Before we know it”
trasladando el concepto de pop de cámara al dormitorio de los corazones
rotos o “Though I Still want to fall into your arms”
, plácido pasaje que únicamente necesitaría
la firma de BELLE & SEBASTIAN para convertirse en esa canción
que viaja con el boca a boca.
Son únicamente éstos
unos ejemplos del material “raro” contenido aquí, que
en conjunto, con sus “caras b” y “caras a”, suman
un total de 17 cortes más uno final no acreditado. Todas ellas
la altura de la respectiva obra “grande” del looser de los
loosers del todo el planeta y, en ocasiones, incluso por encima de éste.
Así acontece en los ep´s editados simultáneamente
a su cuarto trabajo, “Alive to every smile”
(2001), que aquí pudimos disfrutar gracias a la distribución
que de ellos hizo Canciones Huérfanas en su momento. Me refiero
a los cd-sigles de “The Ghost of an unkissed kiss”
( 2001) y, muy especialmente “Slow soft sights”
( 2002), el que guardaba oculta esa maravilla de tecno pop titulada “It´s
easier to smile”, en mi opinión, el mejor tema
del grupo de los últimos años y una auténtica fantasía
de ritmos, ambientes y estribillos hecha canción.
Oportunidad imprescindible
es, por tanto -para rezagados, para fans completistas, para profanos-,
esta maravilla, que si no sale entre lo mejor del año será
porque su carácter recopilatorio choca frontalmente, en el colmo
de los sinsentidos, con los criterios de selección de la crítica
y sus reglas eugenésicas. O porque quizá, ese residuo de
cinismo que uno halla en las referencias al grupo, de un tiempo hacia
esta parte (me refiero a ese continuo “está bien pero...”
apoyado en su glorioso pasado o en la supuesta falta de evolución
a modo explicativo), impida que reciban toda clase de elogios con la misma
intensidad que, yo que sé, MOJAVE 3, RED HOUSE PAINTERS o TINDERSTICKS,
por citar a tres grupos, en mayor o menor medida fieles, a su sonido y
cuyas mejores obras ya hace tiempo que han sido editadas. Aunque, bien
mirado, casi mejor . Y es que, en el fondo me (nos) gusta eso de que TBS
simbolicen, de una u otra manera, el romanticismo pop del perdedor.
JAVIER BECERRA
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