(COLUMBIA-SONY, 2000)

Greg Dulli seguro que ha soñado con grabar un disco como las grandes suites de Marvin Gaye ("What´s Going On" o "Let´s Get It On"), plenas de soul, conceptuales, hermosas y funkys. Supongo que en más de una ocasión también le ha apetecido escribir unos de esos dramas en varios actos típicos de Nick Cave o Leonard Cohen que tanto le gustan, pero en su caso repletos de orquestaciones pomposas. Siempre ha declarado su interés por el RN´B más caliente y vanguardista de gente como D´Angelo, sin olvidar que cierto día también se enamoró de lo que con la electrónica eran capaces de producir unos tales Fila Brazilia. Y como el tiempo no le da para todo y su carrera allá por el 1997 se vio obstaculizada por su pleito con su compañía discográfica, al final su primer esfuerzo al margen de sus Afghan Whigs ha sido un poligámico único álbum, que es a la vez todos esos discos, y ninguno, y su primera obra que no es rock, sino otra cosa, que no tiene un nombre, pero si un adjetivo: exquisito.

Y es que cierto día Dulli se encontró con varias canciones propias que no se ajustaban a la dinámica de una banda de rock, y también con dos canciones que le podía servir de principio y de final de una historia ("The Twilite Kid" y "Twilight"), tal y como había comenzado la gestación de "Black Love". Así que llamó a Shawn Smith y a Harold Chichester para que le acompañasen a Nueva Orleáns para grabar un disco conjunto. Y la grabación se convirtió en un pequeño infierno en el que Dulli termina por pelearse con Smith y adueñarse casi totalmente del proyecto, que utiliza para soltar los últimos lastres del destartalado estado sentimental que arrastraba desde "Gentlemen" y que reflejaba de modo fascinante en los L.Ps de los Whigs. Pero en el cambio de Elektra a Sony la nueva compañía le solicitó que en primer lugar entregase un disco de los Whigs antes de publicar el proyecto que bajo el nombre de Twilight Singers había grabado, para así "no despistar a la audiencia". Y "Twilight..." pareció condenado al sueño de los justos. Hasta que ante la proliferación de copias piratas Dulli decidió retomar dos años más tarde el disco con ánimos renovados y la colaboración de FILA BRAZILIA, para así enfocarlo desde el nuevo prisma de su optimista visión del mundo después de la aparición de los fármacos (con receta) en su vida. Esa cita a "No Woman No Cry" que es el estribillo del último corte ("Everything´s Gonna Be Allright" repetido como un mantra) parece indicarlo.

De este modo "Twilight..." es heredero de "Black Love", pero paradójicamente también de "1965" (aunque su conexión Nueva Orleans sea anterior). Y del mismo modo desconcertante oscila entre el RN´B de "King Only", "Clyde" o "Annie Mae", el soul de "Railroad Lullaby" o "Love", el delicado folk de "That´s Just How That Bird Sings" o "Into the Street", al pulso del rock filtrado por electrónica de "The Twilite Kid" y otras bastardas criaturas instrumentales aún más inclasificables. Dulli se apoya sin vergüenza en los inteligentes ritmos y programaciones de Fila Brazilia, en dejarse prestar ayuda en la escritura de las canciones y en las posibilidades que abre el turnarse con las voces de Chichester y Smith, de las cuales se aprovecha él mismo, al ser éste el disco en el que mejor canta de toda su carrera. Y así, pese a su heterogéno contenido estilístico, su extraño y genuino eclecticismo y a no ser un disco perfecto, "Twilight..." retiene todas las cualidades como coherentes ejercicios de catarsis emocional (y sensual) que tenían los mejores discos de los Afghan Whigs, sólo que esta vez abriendo una puerta a una esperanza final de redención.

Uno de los mejores discos del 2000, auténtica victoria artística Greg Dulli, permanece aún inédito en España. Pelea por conseguirlo: será un disco de culto.

ENRIQUE MARTÍNEZ