(Foehn, 2001)

A veces estremece saber que discos así puedan hacer sentir a uno tan a gusto, pero la verdad es que entre la crudeza, el desaliento y los sentimientos bajo mínimos de esta opera prima de los gaditanos ÚRSULA he encontrado un refugio nocturno en el que regodearme de continuo. "Los demonios que llevo dentro tienen la culpa de mis pensamientos" dice David Cordero en "Que el caos se apiade de mi". Y lo dice con una dicción entrecortada y susurrante, que recuerda a la manera con la que los infravaloradísimos JR trataban la voz en el espléndido "127". Tanto este tema como cada uno de los sonidos incluidos en "La banda sonora de mi funeral" (pocas veces el título de un disco fue tan descriptivo de lo que alberga en su interior) suena a insomnio, tabaco y un tortuoso abandono introspectivo, a días, en definitiva, que suceden de la misma forma y frecuencia con la que cada día lo hace el camión de la basura. Duele, escuece... pero a la vez reconforta, por que lo que han hecho ÚRSULA en este disco es desnudarse y extraer toda la belleza confinada en su particular depresión para crear un disco soberbio. En su interior converge la aridez acústica de SMOG y la malsana tensión de ARAB STRAB ; también lo hace de manera determinante ese discurso "clásico pero de ambientes enrarecidos" patentado por MIGALA que junta la melódica, el acordeón y el piano con los las programaciones y los samplers ( en este caso con exquisitos "remiendos" de jazz). Sin embargo, lo que en los madrileños es melancolía post-adolescente, en ÚRSULA se transforma en desesperanza, postración y algo mucho más umbrío ("Por mi ya estoy muerto, mas que nunca, nunca fue cierto") que planea en una serie de temas que van desde la belleza otoñal de "Algunos acordes", precioso preludio interpretado por la voz de Elizabeth Manta a la desolada tristeza del instrumental "La despedida" con la que se cierra el disco. Entre medias, "500", rabioso retrato de un hombre celoso y puteado a golpe de sampler obsesivo ("¿Cuántas noches te has follado a otros?...y esta noche, ¿cuántos han caído?) , "Arañas", un sincero recitado sobre "estar" mas que "vivir" ("Comienzo un nuevo día que no se como terminar. Termino una etapa de mi vida que no se cómo reanudar. Todo, todo vuelve a ser lo que no era") o el abatimiento de "Que el caos se apiade de mi", en la que David pelea con sus fantasmas internos, vertebran un trabajo en el que ÚRSULA -agraciados exhibicionistas de sus emociones más privadas- abren un alma enferma y logran sumergirnos dentro de ella y hacernos cómplices gracias a ese extraño morbo que los fans de cierto tipo de sonidos sentimos ante las desgracias ajenas. Quizá, por que así vemos compensadas las nuestras.
Una frase para concluir: "Lo que fuimos en el pasado nos constituye como seres anclados en el devenir". Como ellos mismos dicen: "triste pero cierto".

JAVIER BECERRA