 
(FOEHN, 2002)
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Recuerdo cuando SMOG editaron
"Red Apples falls" que, cuando le decía a un amigo
que este era el disco feliz de Bill Callahan, sorprendido me pregunta
que en dónde era capaz de ver yo el mínimo atisbo de felicidad.
Y tenía toda la razón del mundo. El, ajeno por completo
a la obra de ese trovador de as penurias cardíacas y existenciales,
carecía de un elemento de juicio previos para constatar dicha variación
en su animus vivendi. Con este segundo trabajo de Ursula ocurre
lo mismo. Comparado con la desesperación de "La Banda sonora
de mi funeral" (2001) se atisba un diminuto rayo de luz como
si la banda de David Cordero estuviera atravesando la primera fase
de un tratamiento antidepresivo. Sigue enjendrando tristeza, palabras
demasiado reales y desamparo a raudales, pero cuando menos los pensamientos
y la sensación de suicidio inminente se ha esfumado. En la habitación
del grupo ya corre el aire y los ambientes son mucho menos axfisiantes,
incluso ese leve toque sintético y dinámico hace la travesía
menos dolorosa de lo que su genial ópera prima.
"Ahora crees que
soy mejor,/ y lo que no sabes / es que sigo siendo el mismo perdedor"
inicia rotundo David en "A quien quiero engañar?"
, un tema tensado con programaciones obsesivas y intranquilas guitarras
punzantes que abre el disco y que bien podría ser un monólogo
sobre la percepción que del éxito de tiene debajo y encima
del escenario. "Ya ves, todo sigue igual/ lo mismo falta que tu
me quieras criticar" concluye ante lo que intuyo son líneas
dirigidas a una de esas chicas que ven sobre un escenario cisnes donde
antes había patitos feos. Y es que el rencor, el "yo diré
la última palabra" y el "esto no lo voy a olvidar"
se muestran con todas sus dobleces como uno de los puntos de inspiración
del cancionero de Ursula. Como en "Infidelidades Múltiples"
(" Siempre te guardaré rencor, por siempre/ no será
tan fácil olvidarlo"), un tema rescatado de sus primera
demo y adaptado a esa nuevo envoltorio sonora más frío y
mecanizado.
Sin embargo es, en la parte
central, donde se encuentra lo más certero de un disco que necesita
nadar mucho en sus aguas para recoger el fruto del placer. Una secuencia
cuya trama argumental arranca en la desolación del momento posterior
a la ruptura con la persona amada ("Una y no mas"),
el vacío del día después en el que martillea el ayer
( un sentido y lírico "Recuérdamelo Mañana",
acompañado de Pablo Merino de Tan Low) y el refugio misántropo
( la abrupta "De tripas Corazón"). Enlazadas
las dos primeras a través del instrumental "4,13,35...?"
(con sampleos a las espirales de Seefeel que arropan ese "despacio,
más, despacio" de Apeiron genialmente insertado sentimental
y estéticamente) , que - quizá errado en mi interpretación
personal- retrotraen en su espíritu a discos de instrospección
terminal como "Una semana en el motor de un autobús"
de Los Planetas. Sí, por que tras "Angela Desaparece"
(quizá el tema que mas recuerda al clima lúgubre de "La
banda sonora de mi funeral") llega "Y yo con estos
pelos", intrigante con esos acertadísimos sampleos
de Balago, que termina donde suelen terminar la mayoría de los
desordenes del corazón, es decir, en el abandono de una borrachera-exorcismo
que casi nunca termina como se había planificado ("Sentado,
me siento mas perdido/ se han ido, confuso, me pierdo en las aceras /
cansado, no se ni lo que digo / lo cuento, me río, me duele la
cabeza" ) .
Cierra el disco "Basta
con cerrar los ojos", un recitado a cargo de Natalia de
Jesús (la hiperactiva socia del sello Foehn) que interpreta
luminosa, con la dulzura de un cuento líneas como "La ciudad
oculta afilados recuerdos que el tiempo había oxidado/ hojas en
blanco, de blanco temor que nunca pude rellenar / y un frío desalojado
de años perdidos", cerrando con ese sorprendente contraste
un notable trabajo que, insisto, requiere muchas vueltas previas a su
juicio. Yo, que a primera vista me sentí decepcionado, me alegro
de habérselas dado. Desde aquí os invito al placer de su
(re)descubrimiento.
JAVIER BECERRA
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