(Gigolo, 2001)

Entre el caótico marasmo de argumentaciones y contraataques en la absurda polémica en torno a la piratería a través de internet, la mayoría de los analistas han inadvertido uno de los acontecimientos más señalables del actual status quo derivado del mundo musical post-Napster. Durante los noventa se había producido (por culpa en parte de el aplastante dominio del CD como formato) un renacimiento y fetichización del concepto de album como verdadero objeto artístico. Del mismo modo que en pintura el croquis a lápiz se contempla como un mero esbozo del óleo (que sería el verdadero objeto artístico) el pop había reducido el single a comodín publicitario para la presentación del largo de rigor. La cultura dance ya había puesto en entredicho esta desastrosa costumbre gracias a su querencia por el 12" (y es que la historia del techno se escribe más a través de sus maxis que de sus LPs: Axis 09, Ball Park, Chain Reaction 07 o Basictonalremakes son mucho más trascendentes que los largos de sus autores) pero la cultura mp3 ha puesto sobre la mesa un nuevo modus operandi: lo que prima, más allá del formato y sus servidumbres, es la canción. El oyente ya no debe hacerse con 4, 7 ó 12 temas en un mismo momento, es la canción individual lo que sobrevive en el hotlist de los items más bajados.

Vitalic es uno de esos miles de grupos que ha crecido geométricamente al amparo de Internet. Un grupo que tan sólo ha editado hasta el momento un maxi (lo que impide ser reseñado en RDL, Mondosonoro o el Tentaciones, que mantienen el anacrónico concepto de que "disco del año=LP del año") que se ha convertido en un clásico absoluto y escuchadísimo a pesar de no aparecer en radio, prensa ni televisión: su medio natural de crecimiento han sido los chats, webrings y ezines. Desde que hace 2 años DJ Hell comenzara a pinchar estos cuatro temazos históricos, en la cúspide del momento en que el clubber dejaba de pedir tracks y necesitaba canciones, pocos discos duros de los conectados a Soulseek se han resistido al adictivo virus Vitalic, que puede ser descrito como el Daft Punk de la era Electroklash. Desde el ya legendario 12" "Da Funk / Muzique", pocos plásticos se habían difundido con tal velocidad y secretismo entre los oyentes más audaces y desacomplejados, y aunque la crítica despache a este grupo como representantes del "neo-makineo" comercial y perralleiro, el aplastante (y sabio) apoyo del público han erigido "Poney e.p." en el himno de una generación, el sonido de la calle en el 2002, la feelgood music en la era Napster. ¿El motivo? Pues obviamente, que se trata de 4 canciones absolutamente perfectas, pegadizas e ingenuas, magistralmente ideadas y ejecutadas, y que comprenden lo que el rock & roll ha sido desde los campos de algodón del Mississipi: estribillos, riffs adolescentes, adrenalina y petardeo teen. Y eso, en los tiempos que corre, supone lineas de bajo fulminantes y sencillas, bombos histéricos, subidones desacomplejados y optimización de las bases. Una fórmula sencilla que sólo funciona en casos de auténtica genialidad: esa genialidad que hace que los temas de DJ Funk, Daft Punk, Thomas P. Heckmann o Fumiya Tanaka valgan muchísimo más que cualquiera de Strokes, White Stripes o Supergrass. Y no voy a decir que esto es rock´n roll porque los talibanes de la guitarra podrían atentarme con sus ántrax verbales, así que digamos que estos son los mejores club anthems desde que el house ha entrado en su actual y penosa espiral ombliguista. Y pensándolo bien...teniendo Vitalic, ¿quién quiere rock´n roll?

No hay mucho que decir a nivel musical sobre este disco: la magia de su contenido son sus melodías, su ingeniosísima capacidad de mezclar house, disco, techno, electro y synthpop de modo personal y fulminante. Hay que escuchar para comprender, porque desde la poltrona del escriba crítica nada se puede aportar a la mágica adicción de estas canciones históricas. Y es que Vitalic hacen música tan idiota como Jesus & Mary Chain o Tatu, y para los que sigan envejeciendo en el gueto indie, decirles que en concepto "Poney e.p." no dista mucho de vuestros adorables Strokes. Música para sudar, saltar con tu ropa favorita, dejarte arrastrar por el empuje de tu estómago y bailar sin complejos hasta que termine la sesión, hasta que llegue la mañana, hasta que caiga la bomba.

Para los que os decidáis a bajaros este disco (la edición original en vinilo es ya una legendaria y valiosísima pieza de coleccionista) una advertencia: os va a gustar, lo vais a escuchar hasta aburriros, así que rastread los magníficos remixes y sesiones de Vitalic que corren por la red (no en vano la que grabaron en el festival de jazz de Montreaux con Miss Kittin es la más bajada en internet) o el restro de superhits que han grabado bajo otros seudónimos: en especial el "Muzaq" de Trisco, que a finales de los 90 fue de los primeros maxis en anunciar que algo estaba pasando, Y vaya si pasó.

f_mandarine@iglu