(Acuarela, 2002)

"Quiero descubrir un corazón cerca / sano y que no rompa, que no cause sufrir". Es el primer verso de "Viva Las Vegas" el debut del nuevo proyecto de Jose Luis Aguado y Frank Rudow, cantante y percusionista de MANTA RAY respectivamente. Interpretado por una voz taciturna - entre el susurro confesional y la épica congelada- se asienta sobre una guitarra reiterativa y resquebrajada, un minúsculo apoyo percusivo de escobillas y un misterioso dibujo narcótico que parece cubrirlo todo de niebla y nocturnidad. Esta secuencia introductoria no engaña, es mas, casi podría definir todo el devenir posterior de este trabajo: voces tenues cantando a los interrogantes que plantea el corazón una vez apagadas las luces, una exigua economía tanto instrumental como literaria (sirva de ejemplo "No se cuando te voy a decir / que yo te quiero tanto" el único verso de "3.14"), medios tiempos arrastrados e impregnados de lentitud y una constante búsqueda de la hipnosis desde la introspección. Curiosamente, casi la antítesis de los dos últimos trabajos -ricos en formas, meditados, elaborados y, a veces, incluso pirotécnicos- ofrecidos por MANTA RAY.

En este nuevo apéndice de la que (¿alguien lo duda?) es la saga más importante del actual rock nacional, Jose Luis y Frank han optado por capturar sonidos y sensaciones al vuelo, insertarlos en una predeterminada estética sonora y comprimirlos en forma de canción, en bruto, sin apenas florituras. El resultado es un disco opaco, sincero, turbio y raramente bello. Tanto da por donde se busque, si entre la dulzura de "Autómata" (posiblemente el mejor tema) o en el embriagador post-blues de "Don´t run, don´t cry" (usando el silencio de forma magistral), entre el tejido acústico y arrabalero de "Despiértate, pequeño problema" (una debilidad de Frank) o la angustiosa "Estaré de paso" (con esas guitarras simulando el tic-tac de un reloj), todo ello sin olvidar las asfixiantes atmósferas de "Yo" o ese escalofrío titulado "Un aire frío" que hace que sientas sus goteras en el corazón. Tanto da, al final el disco te deja medio enfermo, medio triste, entumecido en los sentimientos y quizá, consciente, de que a veces nos encontramos mas solos de lo que pensamos. O tememos encontrarnos. Una joya.

JAVIER BECERRA