 
(LOST HIGHWAY, 2001)
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Ryan Adams se va
configurando poco a poco como uno de los más notables compositores
del actual rock americano. Muy prolífico, el año pasado
publicó su primer disco en solitario después de disolver
Whiskeytown, "Heartbreaker", que se situó
en la lista de favoritos de muchos, incluida la del inefable Elton
John. Aquel era un disco autobiográfico, producto de una ruptura
sentimental y suponía un avance, un progreso en su carrera y en
su escritura. Ahora aparece este álbum, el último grabado
por unos diezmados Whiskeytown y que en su momento la major discográfica
que lo había financiado decidió no publicar. Algo que una
vez escuchado no dejaba de ser una absoluta injusticia.
Porque "Pneumonia" no es una obra maestra, pero sí
que es uno de esos discos completos, dotados de encanto y emoción
que te terminan enganchando, a la vez que confirma el talento cada vez
más evidente y ecléctico de Adams, que en este álbum
comenzó a desmarcarse del Country-rock como género, para
integrarlo en una visión mucho más amplia de lo que puede
escribir, extremo confirmado posteriormente con "Heartbreaker".
Su facilidad a la hora de escribir delicadas baladas country permanece
intacto, la querencia por los Rolling Stones del "Exile
On Main Street" también, pero la aparición de unas
influencias pop cada vez más claras, y algunos experimentos más
aventurados abren la puerta a la esperanza de que Adams se convierta
en otro Jeff Tweedy: un artista de formas clásicas pero
con capacidad de sorpresa. Su maestría comienza a aproximarse a
la del líder de unos WILCO aquejados de unos problemas para lanzar
su álbum ya grabado idénticos a los de Whiskeytown
en su momento, por lo que "Gold" el inminente nuevo trabajo
de Adams en solitario puede convertirse en el lanzamiento "yankee-roots"
más importante de lo que queda del año, un disco que esta
vez sí, se anticipa enorme.
Como aperitivo, "Pneumonia"
es más que apetecible: casi sacia toda el hambre que puedas tener
en este momento por esos discos artesanales, cocidos al fuego lento del
cariño por las buenas canciones y por las historias que éstas
pueden contar. "Jacksonville Skyline" o "My Hometown"
recuerdan en sus formas y fondo al Steve Earle de sus comienzos,
"The Ballad Of Carol Lynn", "Reason To Lie"
"Sit And Listen To Rain", "Easy Hearts" y "Under
Your Breath" anticipan las melancólicas baladas de
"Heartbreaker". Pero al observar como "Don´t
Be Sad", "Crazy About You" y sobre todo la deliciosa
"Mirror Mirror" (puro BEATLES del "Rubber
Soul") nos presentan sus nuevas credenciales como artesano de
power pop y tropezarte con sorpresa con la atmosférica "What
The Devil Wanted" y "Paper Moon", con su aroma
mexicano de postal, descubres que Adams está construyendo su personalidad
a base de esta nada forzada variedad
Y también y sobre
todo de talento natural. Un disco que incluye un verso como: "Nací
en una abundancia de tristeza heredada" ("Jacsonville
Skyline") tiene que ser bueno por necesidad. Muy bueno, en
realidad.
ENRIQUE MARTÍNEZ
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