 
(Reprise, 1999)
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En
su tercer disco el grupo de Jeff Tweedy demostró encontrarse
en pleno crecimiento, en mutación constante, en una mejora continuada.
"Summerteeth" supone su introducción al
pop, o más bien la manifestación sin vergüenzas de
la melodía que Tweedy parece llevar en la sangre, para construir
un maravilloso álbum, de profunda sentimentalidad, que seduce discretamente
y durante un largo periodo de tiempo. En él se descubren cosas
continuamente, pese a parecer en un análisis superficial el disco
"Beatle" donde "A.M" y
"Being There" eran discos "Stones".
El
sonido de marca de Wilco cambia, al retroceder las guitarras y
dar paso a una proliferación exuberante y deliciosa de teclados
(pianos, órganos y sintetizadores), que incrementan el cada vez
más preponderante papel de Jay Bennett dentro de la banda.
Además de los teclados, otros arreglos tan acertados como los vientos
del final de "Pieholden Suite" que remiten a "Penny
Lane", pero que al acompañarse de un banjo desconciertan
de un modo encantador, o esos teclados reproducidos a la inversa de "How
To Fight Lonliness" que te traspasan como un soplo de desconcertante
viento helado ayudan a la consecución (autoproducida) de un "wall
of sound" que remite más a Phil Spector y los Beatles
que al "Pet Sounds".
"Summerteeth"
parece contar una historia de una manara críptica, sin mostrar
las cartas. Pero lo que sí que está claro es que tiene algo
de accidentado viaje interior a través del estado anímico
y sentimental del protagonista (que puede no ser el autor), una de esas
aventuras que contienen el auténtico peligro y la verdadera recompensa.
Éste comienza el disco en un estado de ansiedad y confusión
ante sus sentimientos ("Can´t Stand It") y va acumulando
rabia y frustración. Hasta que todo se resuelve en el nudo gordiano
del disco en su parte central, la más brillante, en donde de la
derrota más absoluta de la magistral "How To Fight Lonliness",
intenta escapar mediante el instinto vengativo que muestra al principio
de "Via Chicago" ("Soñé con asesinarte
esta noche de nuevo, y me pareció bien") para retornar
al cansancio más devastador del final (con esa magistral mezcla
de las dos versiones del tema, la eléctrica por debajo de la acústica,
en la que Tweedy queda desnudo ante la adversidad). Pero el entusiasta
y bienintencionado arrepentimiento de "ELT" ("Cuanto
me he estado perdiendo desando que estuvieses muerta") le redime
finalmente. Y a partir el resto del álbum es un placentero discurrir
por los meandros de un alma cada vez más en paz consigo misma.
Es
increíble lo conmovedor del disco, la capacidad empática
que posee, la profundidad de su enfoque, realistamente ambiguo, humanamente
confuso. Esto unido a que es el primero en ser firmado en autoría
colectiva por la banda, a su brillantez sutil, a lo distinto que es de
los precedentes a la par que coherente con una carrera en constante progresión
hacen del futuro de Wilco algo más que una brillante promesa.
Es una cegadora certeza de placeres insospechados.
ENRIQUE MARTÍNEZ
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