( Devil in the woods , 2003)

La ya mítica caja azul editada por el sello Rocket Girl en el año 2002 fue, sin duda alguna, uno de los más maravillosos fetiches musicales de los últimos años. Un doble cd que radiografiaba el estado de las cosas dentro de los confines del sello y sus órbitas cercanas, erigiéndose como un revelador catálogo para los oídos más inquietos del planeta indie-rock. En una de estas últimas, junto a un buen ramillete de interesantes nombres, habitaba THE WORKHOUSE, una desconocida formación británica que aportaba una pieza absolutamente fascinante: “Peacon”, cerca de 7 minutos in crescendo aprehendiendo las esencias del shoezazing más vaporoso desde la perspectiva del post-rock que dejarían obnubilado a cualquiera que sienta aprecio por el género.

Por aquel entonces el grupo saltaba de sello en sello (Emma´s House, Whiskey, Great Pop Suplemment etc...) con pequeños singles de vinilo y aportaciones en diferentes recopilatorios del ramo como los de Slow Noir, Subculture o la citada caja de Rocket Girl. Sería el pasado año cuando llegaría su debut en formato largo con este “THE END OF THE PIER” que aúna muchos de los temas incluidos en esos singles y recopilatorios, junto a nuevo material grabado para la ocasión y erige ya, a THE WORKHOUSE como uno de los secretos mejor guardados del rock independiente de esa Inglaterra que en su trastienda cobija trabajos tan valiosos como este extenso trip sonoro, mayormente instrumental que agradará a aquellos que aún no han cerrado el ataúd del post-rock por imperativo legal y/o moral.

THE WORKHOUSE demuestran que se puede seguir acudiendo al filtro de crudeza y lirismo creado por MOGWAI, a poco que se demuestre unos mínimos de talento. Puede que ésta sea una manera simplista e inexacta de referirse a ellos, pero los ejes por los que discurre esta banda van en esa dirección. Sí, combinando de manera hábil y precisa el oscuro nervio after-punk, el magma guitarrero del indie-rock y, de manera especial, la etérea belleza –ora cristalina, ora líquida, ora vaporosa- del dream-pop y alcanzando verdaderos momentos de ensueño. Ahí están, aparte de la citada “Peacon”, las reminiscencias 4AD de “Paper plane” o la preciosa “Trading estate” tan cercana a los PALE SAINTS; las celestiales nubes de ruido blanco de “The ship” o “Mouse” que invoca a MY BLOODY VALENTINE; y, por supuesto, los tensos pasajes de “Ice cream van” en las que las guitarras de SONIC YOUTH parecen haberse contagiado de los modos de SLOWDIVE o la titular “The end of the pier” un extenso corte final que culmina al modo de unos shoegazers en éxtasis pirados por la melancolía de OMD. Es precisamente este último, junto a “Vienetta” (una sutil deceleración del sonido de JOY DIVISION embarcada en un fantástico crescendo), la única parte cantada de un disco mayormente instrumental que deparará grandes momentos entre quienes busquen ese escapismo espectral con sabor añejo y reconocible, ese que se siente con ciertos discos una vez te enchufas los auriculares y notas tu cuerpo flotar en sonidos que pintan formas y formas que pintan sonidos. Una cierta sensibilidad que quienes hayan crecido entre muchos de los grupos antes citados, sin duda sabrán apreciar.

+ info: web workhouse

JAVIER BECERRA (julio 2004)