(Puase music, 2003)

Los prejuicios son como unos granos en la conciencia, tratamos de esconderlos pero acaban notándose. De un tiempo a esta parte, todo lo que suene a post-rock y allegados no suele aguantar demasiado tiempo en mi lector. Si además es español, con la de fotocopiadoras que se venden por aquí, sus posibilidades de llegar a la tercera escucha son remotas. Pero el factor diferencial vasco strikes again. Actúan mucho más y copian mucho menos. Yakuzi son vascos, y en cinco composiciones, alcanzan la media hora de placer sonoro, calma burbujeante y alta tensión eléctrica que debería ser obligatoria en todo disco que pretenda ser reproducido con asiduidad. Su debut se abre con “Vittu”, intrigante ruido blanco que explota en un curioso remanso operístico. “Aldapa Gora”, cantada en vasco, introduce una atmósfera dreamrock que es EL ACIERTO del disco; sin dejarla escapar, en las siguientes composiciones son capaces de retorcerla, pervertirla y utilizarla siempre de manera original. Los esquemas en Yakuzi son el medio, no el fin. Por eso pueden terminar el disco con “Sometimes” de MY BLOODY VALENTINE, dejar que Bill Callahan pasee con Kevin Shields y discutan sobre quién es el extraño entre un mar de reverberaciones. Del éxtasis a la codeína en treinta y dos minutos de viajes ida y vuelta.

FERNANDO CAMPELO