(Matador -Everlasting, 2006)

Ni honestidad, ni humildad, ni coherencia. Tampoco paradigma del indie yanki. Ninguno de esos conceptos indeterminados que, a modo de virtud máxima, se les suele atribuir a YO LA TENGO, importan. A mí lo que realmente me incita a seguir pendiente de cada entrega editada por Georgia, Ira y James, viene con la sensación de que cada uno de sus discos crea todo un universo musical muy, muy suyo en el que el placer se sucede canción a canción, giro a giro, sorpresa a sorpresa, contraste a contraste. Sí, hablo de esos elepés (vetusto término a la que más de uno ya le ha puesto fecha de caducidad) a los cuales entregar una hora de tu vida, dejándote llevar en sus estimulantes efectos. Fuera de ello, su papel dentro de la historia del rock, su campechana estampa, su supuesta modestia y demás lugares comunes para la elucubraciones de la crítica, pasan completamente a un segundo plano, al menos en este caso. Me lleva sucediendo lo mismo desde que me pasarán una reveladora cinta de 90 con la grabación del soberbio “May I Sing With Me” (1992) y lo cierto es que, nada más poner a funcionar este cachondamente titulado “I Am Not Afraid Of You And I Will Beat Your Ass”, la sensación de que te han engullido a sus particulares y placenteras arenas movedizas es todo uno.

Tremendo, realmente tremendo es el saludo inicial: "Pass the Hatchet, I Think I'm Goodkind”, diez minutos y pico de fluida electricidad sobre un marcial riff de bajo que nos retrotraen a lo mejor del mencionado “May I Sing With Me” o el “Electr-O-Pura” (1995). Hacía tiempo que no se podía escuchar a YO LA TENGO moverse con tanta soltura por este tipo de extensas carreteras de improvisación guitarrística inequívocamente velvetianas, entre las que surge esa voz cuasi-narrativa tan cool de Ira Kaplan. Sin embargo (y a estas alturas ya nadie puede decir que se esperaba uniformidad en YLT) los tiros no van a ir por ahí y una vez abierta la caja de los truenos (o, mejor dicho, de los sueños) todo un carrusel de eclecticismo inunda el minutaje de “I Am Not Afraid Of You And I Will Beat Your Ass”.

Da la impresión de que, llegada ya cuarentena en el trío de Nueva Jersey, éstos hayan recorrido exóticos caminos como oyentes, reflejándose todas estas aventuras auriculares en una creación que, al menos en apariencia, se muestra más lúdica y despreocupada, sin el peso de la búsqueda de la unidad como álbum. Probablemente ahí reside el motivo de que a primeras, una escucha global de “I Am Not Afraid Of You…” genere cierto desconcierto ante su dispersión. Ya ocurrió en el parcialmente titubeante “Summer Sun” (2003), con aquellas sorprendentes y fallidas excursiones por el funk alternándose con el pop somnoliento marca de la casa, y de nuevo acontece en esta ocasión. Si cabe con contrastes mucho más pronunciados, al no contar los zig-zags de la uniforme producción del mencionado, pero lo cierto es que con un resultado sensiblemente superior. Simplificando: las canciones son mejores, no existen bajones de entidad y, escucha a escucha, “I Am Not Afraid Of You And I Will Beat Your Ass” empieza poco a poco dejándose querer, para terminar por reclamar el mayor de los abrazos.

Y es que a ver: ¿cómo puede reaccionar uno ante una burrada (en el mejor sentido se entiende) ruidista como "Pass the Hatchet, I Think I'm Goodkind” seguida del sonriente y festivo pop a piano de “Beanbag Chair”?; ¿cómo asimilar que la brújula estilística de pronto apunte a “The Room Got Heavy” en una especie de cruce entre SUICIDE y STEREOLAB adornado por excitantes percusiones y, poco después, “Daphnia” surja como la espléndida bso imaginaria de una película aún por rodar?; ¿cómo reaccionar ante la arrolladora energía garajera de un James McNew dándolo todo en “Watch Out For Me Ronnie” que, cortes antes, parecía tributar al John Cale de “1919” en la maravillosa “Black Flowers”?. Pues nada mejor que ponerse a disposición del trío y dejarse llevar, porque viajar por toda esta cantidad de destinos, quiebros y escondites por los que transita esta obra supone retornar al primer párrafo de esta crítica, volverlo a llenar de sentido y proseguir por el multicolor laberinto musical hacia parajes desconocidos. Comprobar como James se desenvuelve con su falsete soulero en “Mr. Tough”, cerciorarse de lo bien que saben adaptar a lo suyo las guitarras arabescas de los BYRDS psicodélicos en “The Race Is On Again” o como se las apañan dentro de ese soleado soft-pop clasicista al estilo de lo que viene haciendo últimamente BELLE & SEBASTIAN, son sólo algunos de ellos.

Pese a todo, el final del extensísimo disco (ni más ni menos que 77 minutos) se presenta simétrico y así los casi doce minutos de “The Story Of Yo La Tango” (no, no es una errata) ofician como ese cierre hermético que un trabajo con tanto riesgo de desborde como éste necesita. De nuevo la épica noise eriza la piel y la sensación deviene tan harto maravillosa que, en este mismo momento de tecleo en el que suena de fondo por enésima vez, me temo que la frase lapidaria final que pide la reseña queda aparcada para otra ocasión. Toca tirarse al disfrute del ruido.

JAVIER BECERRA (Septiembre 2006)