( Matador-Everlasting, 2003)

Decía el tópico en cada entrega y ronda promocional de YO LA TENGO, que su último disco era el mejor de su discografía. Con rigor, esa sentencia carecería de valor desde la edición del magistral y definitivamente insuperable “Painful” (1991), verdadero punto de inflexión en la trayectoria de los norteamericanos. Siendo flexibles incluso se podría dar lugar a la discusión ante soberbios trabajos como “I can hear the heart beating as one” ( 1997) o “And the nothing turned itself inside out” ( 2000) , con los que siempre se podrá apelar a aquello de que cada cual tiene sus gustos y bla, bla, bla... Como si una fan de REM dice que su favorito es el “Murmur” y otro viene y dice que no, que “Green” es superior. ¿ Cuál está en lo cierto? . Pues, a su manera, los dos... Sin embargo, dudo mucho que tenga razón quien pretenda aplicar la sentencia antedicha a este “Summer sun”, el nuevo álbum del trío de Hooboken y un disco que, de entrada, deja a uno algo desorientado. Lo hizo en la primera escucha y ahora, tres meses después, mi brújula auricular sigue, por momentos, vagando perdida en su interior cada vez que me dispongo a pulsar el play y busco la dirección a seguir.

Dando una vez más la espalda al punch guitarrero pretérito y aparentemente continuista del espíritu sosegado de “And the nothing turned...”, “Summer sun” esconde bajo una visible capa de suavidad y soltura melódica, un discurso de compulsiva e introvertida experimentación por todo tipo de palos y formulaciones musicales inmersos en una producción difuminada y de acabado intencionadamente uniforme. Tanto da el grado de volumen que uno disponga en su reproductor, “Summer sun” siempre sonará en voz baja, como un susurro que, tema a tema, se va moldeando en diferentes tonos y pinceladas del mismo color en variaciones mínimas, por lo que se recomienda una escucha atenta y detenida, con el oído predispuesto para la sutileza y, a ser posible, con auriculares para salvar su aparente monotonía. Dicho de otro modo, túmbese mi querido lector, desconecte el teléfono, cierre los ojos e introdúzcase en el interior de este trabajo como quien se mete en cama.

Una vez dentro de él, perdido a la sedosa intemperie de la complicidad que demanda ya desde el marítimo pasaje nocturno de la instrumental “Beach Party tonight” (que haría las delicias de ese Julio Médem que filmaba el amor subacuático), hallará momentos de irresistible sonoridad familiar. Ahí está el velvetiano dream-pop de “Little eyes”, esa dulzura de maquinillo que desprende “Season of the shark” o la sensual “Today is the day” con su perezoso sabor a verano y camas desechas, estirando una fórmula en la que YO LA TENGO son auténticos maestros. También los oídos quizá se dejen llevar por la arquitectura minimalista y ambiental de “Tiny Beards” interpretada por James McNew como si cantara hacia los botones de su camisa, el burbujeante y cálido soft-pop de “How to make a baby elephant float” o ese precioso momento en el que Georgia Hubley se enfunda en la piel de Astrud Gilberto circa “Beach Samba” para levitar en la bellísima “Winter a Go-go”.

Más dudas crean en mí momentos como ese innecesario “Georgia vs Yo la tengo”, desafortunada y vacía incursión en los ritmos bailables, o el somnoliento “Don´t have to be so sad”, justificables quizás como bonus track o cara b pero dentro de “Summer sun” desvirtúan el conjunto, dejando ese agridulce gusto a obra dispersa e irregular que tan mal les sienta a un grupo que tan proclive a la brillantez. Igual rechazo que el que producen los devaneos funky de “Nothing but you” o “Moonrock mambo”, muestras de la versatilidad musical del trío pero finalmente fallidas a la hora de trasmitir emociones. Algo que sí logran de manera excepcional en los dos títulos que cierran el disco, cortes que por si solos justificarían su adquisición si es que ello fuera necesario. Por un lado los más de 10 minutos de masaje auricular que son “Let´s be still”, puro paroxismo vocal en clave jazzie flotando unos metros encima de lo terrenal y, evidentente, ese sublime “Take care” original de BIG STAR y moldeado aquí a lo MAZZY STAR hasta llevarlo justo a ese lugar en la que una voz es capaz de erizar toda tu piel, mientras el sol se esconde en el horizonte de la perfección pop y uno se da cuenta, perdiendo la vista en ese paisaje imaginario que visualizo desde la habitación, por qué llevo más de diez años comprando discos, dejando mi tiempo en escucharlos y compartiendo mis pensamientos con todo aquel que quiera leerlos. Sí, por cosas como ésta.

JAVIER BECERRA