 
(Acuarela, 2003)
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Superadas las desgraciadas
peripecias y avatares sucedidos tras su excelente debut con “The
Sky Falls It Falls Down On You”, tanto en lo referente
a la pérdida de su sello discográfico como a desavenencias
y deserciones en el seno del grupo, The Zephyrs han vuelto
a sacar la cabeza a flote con un magistral segundo álbum, que sin
duda debería rescatarles de la cuneta y resituarles en la vía,
hacia un lugar privilegiado en el reconocimiento de los gourmets de eso
tan difuso que llamamos “independencia”, y que uno mismo ya
no sabe qué es.
Retomando su personal cruce
de shoegazing, post-rock y country rock, The Zephyrs
construyen un sonido irresistible para aquellos que gustan por igual de
las atmósferas turbias, de las tensiones instrumentales serenas
pero crecientes y de las canciones melancólicas y hermosas. Los
hermanos Nicols y compañía han encontrado, entre estilos
que suelen viajar separados, unos nexos de unión que parecen haber
estado ahí desde hace mucho tiempo. Con el único antecedente
tal vez de Mojave 3, pero alejados de cada vez mayor clasicismo de éstos,
“A Year To The Day” transcurre como esas
aguas aparentemente mansas en la superficie pero repletas de traicioneras
corrientes profundas.
Desde las atmosféricas
“Lacuna Head” y “Go Slow”,
oníricas y vaporosas, llegamos a una balada tan intensa como “Washed
To The Shore”, a medio camino entre la épica
grandiosa de sus arreglos de cuerda y el recogimiento country que parece
ocultar. A continuación la melodía sumergida de “Empty
Eyes” posee una secreta cadencia gospel, mientras
que a su alrededor las capas de sonidos turbios y la voces venidas de
lejos van buscando un climax digno de Mogwai, que se retrasa justo lo
suficiente para que sea más intenso. Tras esto nos recoge “One
Year Many Mistakes”, una preciosa miniatura pop, adornada
con la voz de Adele Bath (antigua colaboradora de Arab
Strap), y entonces la enorme amplitud de recursos y registros que exhiben
The Zephyrs termina de asomar definitivamente.
Repasando el “Art
Work” del disco, esas fotos de playas y costas del Norte, en días
grises, uno reconoce la materia de estas canciones y de la música
de The Zephyrs. De esos crescendos y olas que van y vienen
con violencia serena en canciones como “A While”,
“Watercolour”, “Stand Around Hold Hands” y “Don’t
Say Sorry”. De la innegable sinceridad de una música
construida desde dentro, preñada de verdad.
Disco sentido, discretamente poderoso y nacido para la escucha atenta,
esa que va descubriendo poco a poco los pequeños detalles que distinguen
a una gran obra, “A Year To The Day” está
predestinado a ser uno de los grandes secretos y tesoros ocultos de este
año 2.003. Si te lo pierdes, no será porque no te lo estamos
avisando a tiempo.
ENRIQUE MARTÍNEZ
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