Es defecto congénito, intrínseco del aspirante a crítico, de las mentes deformadas por la tendencia a construir teorías, tendencias, momentos, y demás historias, andar inquieto con el boli en la mano donde quizá no haya una línea sino puntos sueltos sin mayor conexión entre sí. Pero se me hace necesario expresar el convencimiento de que en los últimos tiempos en nuestra escena, y este años más que nunca, el formato de cantautor, la obra en solitario, en soledad o en compañía de otros, pero de protagonismo personal, es la que está dando los mejores frutos.

Son varios los discos que en este 2.005 vienen a reafirmar este convencimiento. Pero no surgen de la nada, tienen precedentes, y son confirmación de trayectorias antes prometedoras, y ahora indiscutibles. Pero como estos discos, cada uno de ellos, es un reclamo de atención individualizado, personal e intransferible, no es momento ahora de dedicarnos a estos menesteres generalizadores. En concreto, Ainara LeGardón, con “Each Day a Lay” da continuidad a una obra en solitario de que diera comienzo con el soberberio “In The Mirro”. Por lo tanto, hemos rebajado el nivel de sorpresa nosotros, pero ella no lo ha hecho un ápice con la intensidad y con la calidad de una propuesta que cada vez está más definida y resulta más persuasiva.

Si el disco es claro y diáfano, esta entrevista no se queda atrás.

Antes de entrar a hablar del nuevo disco, me gustaría comentar un poco la trayectoria de “In the Mirror” posterior a nuestra anterior entrevista. Fue un disco que auto-publicaste, que fue poco a poco ganando prestigio, buenas críticas, hasta que llegó la distribución por Dock y un cierto reconocimiento de la prensa. Teniendo en cuenta lo personal en todos los aspectos que es ese disco, ¿cómo viviste ese proceso? Fue un poco como vivir el crecimiento de un hijo, ¿no?.

Tienes razón, más o menos fue así. Pero yo diría que la que ha crecido más que nadie ha sido la madre. He aprendido muchísimas cosas en los últimos tres años, y ha sido muy reconfortante ver cómo el trabajo, tanto mío como del resto de los colaboradores implicados en este proyecto, ha dado (está dando) sus frutos.

Lo primero que llama la atención del nuevo disco es la enorme sensación de continuidad que transmite con respecto a “In The Mirror”. Ya desde la presentación gráfica, algo del sonido. Incluso parece haber una continuidad temática. ¿Es intencionado? ¿Existe esa continuidad temática?.

A la pregunta de si es algo intencionado te diría que sí y no, y con esto ya te estoy contestando que sí a la segunda cuestión. En “Each day a lie” hay referencias a “In the mirror”, es inevitable. No fui capaz, en este tiempo, de dar por terminada una etapa tan importante de mi vida como la que describía el primer disco. Ahora bien, podía haber evitado todo tipo de correspondencias (desde alguna letra hasta el propio diseño gráfico), y sin embargo opté por dejar, e incluso fomentar, que la continuidad que había surgido de manera natural se manifestara de forma tan evidente. Podríamos decir que le he dado intencionalidad a lo inevitable.

De hecho repites con Chris Eckman y con el mismo grupo de músicos. Pero, en cierto modo, creo que en sonido, en la producción, has contado o bien con más medios, o bien con una mayor experiencia y madurez, o bien con ambas cosas. ¿Cómo fue la grabación y el proceso de composición esta vez? ¿Más elaborado que “In The Mirror”?

Si bien es cierto que he contado con muchos músicos con los que ya había trabajado (Chris Eckman, Carlos Torero, Hannot Mintegia, Ager Insunza y Javier Ortiz como técnico de sonido), se han incorporado algunos nuevos colaboradores, como Al DeLoner, Iosu López, y un pilar básico en la banda: el bajista David Jiménez.

El proceso de composición ha sido muy diferente. Durante varios meses previos a la grabación, Carlos Torero (ahora centrado en las baterías y no tanto en las percusiones que caracterizaban el primer disco), David Jiménez y yo, estuvimos ensayando y puliendo las canciones, siempre en contacto con Chris Eckman.

El disco suena de manera diferente en parte porque la conjunción que adquieren tres músicos que trabajan durante meses en un local de ensayo es fundamental. Joe Skyward es un magnífico bajista, pero tan sólo tuvimos nueve días antes de la grabación de “In the mirror” para alcanzar esa conjunción.

Un factor importante en el resultado final fue la ausencia de tensión en todo momento. Yo nunca he estado tan relajada en una grabación, para mí fue como una celebración, una fiesta. Supongo que, al ser la segunda vez que trabajábamos en estudio con Chris, y Chris con nosotros, todos conocíamos nuestras virtudes y nuestros puntos débiles. De esta manera nos resultó mucho más fácil trabajar y convivir en el estudio.

Sí es cierto que este disco es algo más eléctrico que el anterior. Y repasando las letras me da la impresión que en esta ocasión existe más rabia, más sensación de catarsis y menos melancolía, como mayor fortaleza. ¿Lo ves así?

Sí, sin duda. Menos melancolía y más fortaleza a través de la aceptación de la realidad.

¿Es el sonido reflejo del ánimo de las letras? ¿Son parte de una misma historia?

Son parte de la misma historia. No le doy más relevancia a los textos que a la música, para mí ambos expresan sensaciones complementarias y de igual importancia dentro del conjunto. De hecho, son muy comunes en mis discos los estribillos instrumentales (como en “Last of your hopes” o “Blue”), o los estribillos sin letra (“Needed”).

Nuevamente el sonido es, en cierto modo, minimalista, muy vivo, como si estuviéramos en medio de vosotros mientras tocáis las canciones en directo. Hay mucho espacio abierto en la música, y eso transmite una sensación de intimidad que yo creo que ayuda mucho a conseguir lo que quieres. ¿Ha sido un diseño consciente, o por instinto?

Me alegra mucho tu apreciación. Uno de los mayores halagos que se puede dedicar a nuestro trabajo es decir que uno siente que estuviera en medio de nosotros mientras tocamos las canciones. De eso se trata, y con esa intención y de esa manera está grabado. En directo, tocando y mirándonos. Sintiendo cómo se va desarrollando la complicidad entre nosotros.

El espacio abierto al que te refieres es fundamental para que las canciones puedan respirar. Me interesa mucho jugar con el silencio, las pausas. Pocos arreglos, pero buscando la precisión.

Y del mismo modo el disco es conciso en duración. Casi diría que eso lo hace más efectivo. ¿Estás de acuerdo?

Completamente. La duración total de un disco es importantísima, y el orden de las canciones debe tener un porqué (y no me refiero a razones comerciales, ni mucho menos). En el caso de “Each day a lie” ese orden ya se había decidido antes incluso de tener todos los temas grabados, por lo que la mezcla se pudo hacer en orden, algo no muy habitual, aunque te aporta mucha perspectiva a la hora de trabajar.

Evidentemente este tipo de detalles el público los desconoce, pero de alguna forma los percibe en el resultado final.

Otra característica reside en tu manera de escribir. Las letras son breves. Es decir, escribes una serie de estrofas, que en muchas ocasiones reiteras varias veces. Y eso se complemente con el desarrollo de la música, que suele ir hacia una intensidad creciente, como si la música llegase a donde las palabras no pueden. ¿Lo ves así? ¿Nunca has pensado en desarrollar letras más largas, más narrativas?

Volvemos a lo mismo. Cuando con palabras no soy capaz de expresarme plenamente, intento complementar la idea con la música. Tú lo acabas de describir perfectamente: es como si la música llegase donde las palabras no pueden.

Algunas veces el resultado se asemeja al modelo habitual de canción con sus estrofas y sus estribillos, pero en la mayoría de las ocasiones toma otros caminos muy diferentes. Si creo que con una frase basta, ¿para qué voy a decir más con palabras? Sólo conseguiría desvirtuar ese sentimiento. El ejemplo perfecto es “A second of…”. Carlos, David, Chris, Al, Ager… todos me ayudaron a dar vida a una frase.

Sé que puede parecer extraño, pero esta manera de escribir, salvando distancias evidentes, me recuerda al blues más primitivo, que juega también con la reiteración y la intensidad que ésta crea. ¿Eres aficionada al blues?

Menos de lo que me gustaría, la verdad.

No sé si has tenido la oportunidad de escuchar el último álbum de Thalia Zedek, “Trust not those in whom without a touch of darkness”, que es fantástico. Yo veo muchas similitudes con tu trabajo en muchas cosas, entre otras la enorme intensidad que tiene.

Dejando bien claro que soy una gran fan de Thalia Zedek, es curioso que veas muchas similitudes entre ese disco en concreto y “Each day a lie”. Cuando lo escuché por primera vez aún estaba tomando decisiones sobre el sonido y la forma que deberían tomar las canciones, y pensé que ese disco me serviría de ejemplo para explicarle a Chris cómo no quería hacer algunas cosas… Lo cual no quiere decir que no me guste (de hecho, me encanta), sino simplemente que yo no trataría así los temas.

Ese disco, a pesar de que la formación es un trío, es muy abigarrado. Por ejemplo, la viola no se usa como complemento o detalle, sino que es co-protagonista en todo momento. La batería está en un plano muy presente y el tratamiento de las guitarras, e incluso la forma de tocar de Thalia es muy diferente a la mía, y su voz… desde luego está cantado con otra intención.

Es cierto, ambos discos pueden calificarse de “intensos”, pero también lo es el último de Neptune y no tenemos nada que ver…

Tal vez sea pereza de críticos vagos, pero tenemos esa terrible tendencia a agrupar a las cantautoras como tú con compañeras de género. Te he citado a Thalia Zedek, pero otro nombre que nos viene a todos a la mente, y que de hecho he visto por ahí citado cuando se habla de tu música, es PJ Harvey. ¿Sigues su trayectoria? En el Feedback tenemos la teoría de que es tan buena, que consigue que sus discos menos buenos sean infravalorados.

¡Me gusta esa teoría! Muy interesante, sí señor.

Supongo que debemos mencionar a tus músicos. Porque, sinceramente, se salen en el disco. Me gustaría mencionar por ejemplo lo que ocurre con Carlos Torero, David Jiménez y Ager Insunza en “Each Day A Lie”, la canción. Esa tensión que se crea, supongo que cuando escuchaste el playback en el estudio debiste sentir que se había plasmado tu visión de la canción exactamente tal cual debía ser. Porque a mí no se me ocurre que se pueda expresar mejor.

El trabajo de Carlos a la batería en esa canción es impresionante. Fue una de las tres primeras que arreglamos después de la edición de “In the mirror”. La primera fue “Dry years”, en aquel momento con Hannot Mintegia al bajo. La segunda, “Needed”, y la tercera “Each day a lie”. Recuerdo que Carlos nos sorprendió a todos con esa visión del tema, que, como bien dices, expresa perfectamente lo que yo quería decir. Los platos, como cuchillas, marcando palabras clave. El ritmo en los estribillos, rudo, contundente y certero. La guitarra, meciendo la canción con un arpegio que no varía, y el bajo dirigiendo la armonía, tocado con e-bow . Quizá sea una de las canciones más minimalistas y desnudas a nivel de arreglos, pero una de las más expresivas del disco.

La idea de añadir cuerdas fue de Chris, y el arreglo es suyo. Acertadísimo también.

En lo referente a “Last of Your Hopes”, yo ya había podido escuchar esa canción en directo, y me sorprendió mucho notar lo fielmente que recogía ese sonido en estudio. ¿Costó mucho encontrar la manera de conseguirlo?

Al contrario, simplemente nos pusimos a tocar tal y como lo hacemos en un escenario. Los únicos recordings que hay son unos acoples de mi guitarra y un órgano de Chris al final.

Una palabra que siempre sale a propósito de tu música en solitario es “intensidad”. Para todos los que la escuchamos resulta evidente. La pregunta que me hago es si esta intensidad surge porque la música se convierte en tu válvula de escape, o si eres una persona igual de intensa en todo lo que haces. Es decir, si existe una dicotomía.

Yo diría que soy más bien intensa en general, sí…

Una vez más has recogido muy buenas críticas de este disco. ¿Consideras que se comprende lo que quieres decir en tus canciones?

No, ni lo pretendo. Es algo que se queda para mí.

Lo que sí creo es que se empieza a comprender mi manera de hacer las cosas y se comienza a valorar mi/nuestro trabajo.

Tengo tendencia a preguntar a los artistas por el trabajo de otros. Te querría preguntar por Mark Lanegan, una debilidad personal, que además sé que pudo haber llegado a producir tu anterior disco. Él tiene una trayectoria que arranca de aquellos grupos de los primeros noventa, del grunge, de Sub Pop, con satélites como Afghan Whigs, cuyo líder Greg Dulli colabora mucho con Lanegan. Con esos discos de Screaming Trees, de Nirvana, de Pearl Jam, etc, nos hemos criado una generación. El tiempo ha pasado. ¿Cómo valoras todos aquellos grupos, aquella música? ¿Crees que el tiempo los ha tratado bien?

No sé si el tiempo los habrá tratado bien o no, pero yo sigo escuchando muy a menudo discos como “Gentelmen” de Afghan Whigs, “Incesticide” de Nirvana, “Ten” de Pearl Jam (que ya se me ha rallado), “Salt lick” de Tad, “Dirt” de Alice in Chains, “Superunknown” de Soundgarden, cualquiera de Screaming Trees… Mudhoney, Meat Puppets, Earth, Truly… incluso me sorprendí hace poco poniendo uno de Beat Happening… me hacen sentir muy bien, como si el tiempo no hubiera pasado.

En España una cosa que ha pasado, que en cierto modo también ha pasado con esos grupos americanos, es que hemos pasado del dominio de los grupos a una presencia cada vez mayor en la música independiente del artista en solitario. No sólo estás tú. Están los discos de Nacho Vegas, de Refree, que tienen una pasado en grupos. ¿Como valoras sus discos?

Para serte sincera, no conozco lo suficiente sus trabajos como para opinar sobre ellos.

¿A qué crees que se debe esta evolución?

Francamente, no tengo ni idea. Supongo que cada uno tuvo en su día sus razones para evolucionar en este sentido.

¿Qué oportunidades brinda ser artista en solitario que no tienes en un grupo? ¿Y qué pierdes o echas de menos de estar en un grupo?

Bueno, esta pregunta enlaza en mi caso con la anterior.

A lo largo de los años he aprendido una cosa, y la he repetido en más de una ocasión en referencia a este tema: la democracia en el ámbito artístico a veces te lleva a tomar decisiones poco afortunadas. Ahora estoy viviendo un periodo en el que me siento más cómoda con lo que hago y con cómo lo hago, en parte porque tengo el control de la situación. Es más duro, ya que la responsabilidad implica asumir riesgos y estar preparado para afrontar los posibles errores, sin posibilidad de mirar hacia otro lado. En mi caso, es doblemente trabajoso al haber optado por la autoedición a través de mi sello Winslow Lab.

Sin embargo, cuando las cosas salen bien (como más o menos está sucediendo), la recompensa es también doblemente positiva.

De momento no echo de menos estar en un grupo, quizá porque tengo la suerte de que mi banda habitual está completamente implicada en el proyecto, y su respaldo es muy fuerte.

Además de las actuaciones en directo, ¿qué planes tienes para el futuro?

Pues como bien dices, algunos conciertos por España y una gira por Europa a principios de año.

También estoy desarrollando un proyecto paralelo con el guitarrista Jason Victor (Steve Wynn & The Miracle 3, Willard Grant Conspiracy), basado en la improvisación. Hemos grabado en estudio recientemente, aprovechando su última vista a nuestro país. Ha sido muy divertido poder compartir esa experiencia. Aún no sabemos muy bien qué saldrá de todo esto, pero es algo que veníamos queriendo hacer juntos desde hace mucho tiempo, prácticamente desde que nos conocimos hace unos cuatro años. Os mantendremos informados.

Por cierto, es curioso que en tu crítica de “Each day a lie” mencionaras la trilogía negra de Neil Young, porque casualmente durante estos últimos días con Jason la mayoría de nuestras conversaciones han girado en torno a Neil Young y a esos tres discos. Una bonita coincidencia.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Octubre 2005)