Cuando uno celebra su cumpleaños tiende a esmerarse en agradar. Así lo hizo la Multi-Sala Razzmatazz, que concentró en breves fechas un cartel de lujo que resultaba absolutamente inabarcable. Servidor, atareado en dichas fechas entre ineludibles compromisos con más de profesional que de social y un apretado calendario laboral, amén de la enésima mudanza, procedió a realizar un filtrado de sus intereses hasta reducirlos a una esencia depurada. Podían y deberían haber sido más, pero no hubo más remedio que cumplir en estos dos frentes, que eran absolutamente imprescindibles. Y uno de ellos en realidad, una deuda pendiente durante demasiados años, que se remontaban a los tiempos del verdadero “fandom” adolescente, de la dependencia sentimental enfermiza de la música. Así se encararon los engorrosos desplazamientos a Poble Nou con el habitual presentimiento de que siempre terminan por convencer a uno mismo de que han merecido la pena.

Con un sibilino retraso, hizo acto de presencia un Greg Dulli “King-Size” en una sala de bolsillo, el Razzmatazz 3, que se había quedado evidentemente pequeña para contener a un público entregado de antemano y que había agotado las entradas. Hacía diez años que Dulli no pisaba Barcelona, y durante todo este tiempo multitud de fans de los Afghan Whigs primero, y fieles seguidores después de sus andanzas en solitario, nos hemos sentido algo huérfanos. Se respiraba en la sala, amén de un calor intenso, un aroma de anticipación y fidelidad. El concierto aparentaba una sesión de banda de bar entre amigos, pero se sabía que la cosa tenía otro nivel.

Pitillo en ristre y actitud sobrada, Dulli (y banda) dieron rienda suelta a “Esta Noche”, corte de “Blackberry Belle”. Para centrar a los despistados, se declaraba aquél como un concierto de los Twilight Singers, no de los Afghan Whigs, y así se mantuvo durante la mayor parte de la noche. Al tercer corte, la primera versión, “Too Tough To Die” de Martina Topley Bird, repasando por vez primera ese sensacional cover-album que es “She Loves You”. Así fue con el medley de “A Love Supreme” y “Stay (Don't Go Away)” cuando aquello comenzó a echar humo, y la banda a despegar. Pero, definitivamente, el demoledor estribillo de hedonismo decadente de “Teenage Wistbrand” confirmó que eligiese la vía que eligiese (descansar sobre su glorioso pasado Whig, tirar de temas ajenos o intentar defender su actual estado de forma), Dulli iba a tener una noche triunfal.

Hubo espacio para el debut de The Twilight Singers, en versiones recargadas de electricidad que mancillaban la pulida producción original, especialmente “That's Just How That Bird Sings”, reconvertida sorprendentemente en un torbellino de guitarras propio de “Congregation”. Pero cuando en una perezosa versión de “Papilion”, y siguiendo una costumbre repetida a lo largo de la noche de cantar letras de una canción sobre la música de otra, Dulli comenzó a recitar las primeras líneas de “If I Were Going”, umbral de “Gentlemen”, aquello se vino definitivamente abajo. El propio Dulli comprobó la necesidad ajena de cantar en público aquello que seguramente cantó tantas veces en privado y la noche cerró su magia con el encuentro del fantasma de los Afghan Whigs con su público. Por eso en el bis, tras dos desconcertantes versiones ralentizadas al piano de Abba (“Dancing Queen”) y Outkast (“Roses”), cayeron dos temazos vibrantes de “1965” (“Uptown Again” y “66”) para delirio de la parroquia. Y el estremecedor cierre con “Faded” fue la clase de catarsis que muchos esperaban cuando entraron por la puerta. Yo también. Un concierto de los que se llevan toda la vida en el recuerdo.

Dos noches más tarde la escena era diferente. Sala más ancha, hacía poco más de un año de la última visita de The Delgados a Barcelona, y por lo tanto aquello tenía algo menos de ocasión excepcional y más de sana y hermosa costumbre. Los de Glasgow venía a presentar “Universal Audio”, una obra que ha sido recibida con una cierta división de opiniones, pese a que servidor no puede menos que decir que es un gran disco. Con esa modestia cargada de seguridad en sí mismos que les caracteriza, de saberse sobrados de argumentos verdaderos, su entrada en escena con “I Fought The Angels” y esa contundencia de sonido tan característica fue el preludio a otra de sus noches mágicas. “Universal Audio” recibió su tratamiento de disco a presentar, y el vigor del directo dio a entender que en su armazón más sólido y primario, esas canciones son tan redondas como los mejores momentos de “The Great Eastern” o “Hate”, cuyos demoledores crescendos reconstruidos en directo a base de guitarras desbocadas son gloria bendita

Un concierto de The Delgados es sin duda siempre una fiesta en sí mismo. Un estallido de emoción pura servido por una de las mejores bandas del mundo, y no me canso de repetirlo. Así que la magia de la noche permaneció suspendida en el aire mucho más que las propias notas. Era una forma de satisfacción completa, de sensación de felicidad. The Delgados son así de buenos. Al día siguiente sería La Coruña la que vibraría. Me lo confirmó un amigo de cuyo criterio me fío, hasta ciertas horas de la madrugada.

ENRIQUE MARTÍNEZ (diciembre 2004)

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