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¿Ha sido éste
el peor FIB de la historia? Con matices, se podría considerar que
sí teniendo en cuenta el crecimiento del festival y las cifras
que se manejan en este momento. ¿Sigue siendo el FIB el mejor festival
de España? Ya no, desde la aparición del Primavera Sound
y el Wintercase que, con muchos menos años de experiencia, ya lo
superan con creces a nivel de cartel y organización. ¿Qué
ha habido de malo en este FIB? Fundamentalmente, la falta de pericia a
la hora de elaborar un programa hecho a base de viejas glorias con el
arroz pasado, algunos despojos y alguna otra gente sobredimensionada en
el cartel (¿en serio eran merecedores Badly Drawn Boy,
Hoggboy y The Jeevas de su privilegiada posición en el
escenario grande?). Mención aparte para una representación
nacional cada vez más ínfima y, aquí sí a
ciencia cierta, la más pobre de todas las ediciones. Imaginen cómo
está el percal cuando las "estrellas" son Sexy
Sadie, Manta Ray y La Habitación Roja. En ninguno de los
casos valdría la excusa de que esto era lo que se podía
conseguir. Vale que Primavera, Sonar e incluso Isladencanta les pudiese
haber robado exclusivas, pero artistas en gira como PJ Harvey,
Yeah Yeah Yeahs o puede que incluso R.E.M. y Wilco
podrían haber estado perfectamente en la órbita del festival.
Lo mismo, por supuesto, para Los Planetas, La Buena Vida, Chucho,
Mercromina o Mala Rodríguez. (eeeeeh, ejem: ¿Mala
Rodríguez?) Pues sí. Si siempre se ha alabado la coherencia
del FIB a la hora de confeccionar los carteles -con salidas de tono "permitidas"
como, en este caso, la de Moby-, lo cierto es que la
tan manida coherencia siempre se ha convertido en un salvoconducto para
traer indie pop de corte británico y electrónica un tanto
más ecléctica. En el apartado pop empieza a verse el peligro
de que se acabe cayendo en lo rancio (o sea: Placebo, Blur, Suede,
Travis, Jeevas, etc) y cada vez parece más conveniente
que el festival amplíe fronteras. Por ejemplo, hacia el hip-hop
y la música negra. Por ejemplo, hacia grupos que encajarían
perfectamente en la mentalidad FIB pero que cantan en euskera (Anari),
asturiano (Mus), catalán (Antónia
Font) o gallego (quién sabe si unos futuros Apeiron).
Quizás poco importe
esto cuando la principal enseñanza que se puede extraer de este
año es que la gente viene toque quien toque. Que con este cartel
(vale, pese al populismo de Moby) viniesen 30-35.000
personas por día indica lo que es Benicássim actualmente:
la gente no viene a ver a tal o cual grupo, viene al FIB. Estamos ante
un festival masivo que, aunque no maneje las cifras de un Glastonbury,
representa a nivel español lo que ellos a nivel británico.
En plena eclosión de la cultura latino-pijiguay y de los peperismos
más rancios no deja de ser un milagro por el que todos los "outsiders"
deberíamos felicitarnos.
A nivel organización ha habido pequeñas mejoras. Se agradece
especialmente la ampliación del recinto y la mayor cantidad de
puestos de comida, por ejemplo. No obstante, esta evolución sigue
siendo muy lenta en relación al aumento de patrocinios y subvenciones
y, curiosamente, al alza de los precios. A las rémoras que ya viene
arrastrando históricamente este festival y que, con 9 años
de experiencia, parece que van a ser difíciles de superar (especialmente
zonas de acampada, accesos e infraestructuras y servicios de un pueblo
y una zona que siguen sin estar preparados para acoger un evento de esta
envergadura), se ha sumado este año un aumento de los precios con
retrocesos tan importantes como el cobrar (¿eran 2 euros?) por
el librillo de mano con la información de los horarios. Se puede
seguir justificando que esto va según el mercado y que los precios
de las cervezas para un concierto en sala son proporcionalmente iguales
o más caros, por no hablar de lo que sucede en el resto de Europa.
Pero a uno le da la impresión de que en lugar de ir hacia adelante
se va hacia atrás. Es difícil organizar un festival, cierto,
puede que más jodidamente complicado de lo que nos podamos imaginar,
pero sigue habiendo cosas que el público todavía considera
como mejorables y no se debería renunciar a eso. Y no, no es un
problema que deban arreglar solamente las subvenciones.
Sigue reinando el buen
ambiente, a pesar de todo. La gente va a su rollo, no hay bullas y predomina
sobre todo el respeto. Pese al crecimiento, sigue siendo de agradecer
que incluso se produzca una convivencia tan pacífica entre toda
esta gente y, por ejemplo, los Pies Negros que ya se han institucionalizado
como parte de la parafernalia que acompaña a los accesos del festival.
No hay año que no te agobies por algo (insoportable calor especialmente
esta vez) pero también es cierto que no hay año que no te
eches unas risas con algo.
Por cierto, y para quien
ya lo eche de menos: el veto a los medios ha disminuido (sí, a
mí me acreditaron contra el pronóstico de muchos) y ya no
hay ninguna bebida gratuita en la zona de prensa. Privilegio que, en todo
caso, me parecía excesivo, ya que de lo que se trata es de que
tengas derecho a informar convenientemente y no de mamoneos que parecen
intercambios de favores.
Musicalmente, el resultado
final de esta edición ha sido bastante decepcionante. Del escenario
grande sólo se salvaría una Beth Gibbons
de lujo cuyo nivel superó con creces al de todos los cabezas de
cartel. Blur, por ejemplo, ofrecieron un concierto deslabazado
que quizás me sorprendió por el hecho de que no se pareció
en nada al que les vi hace unos meses en la Fábrica de Tapices
en Madrid. Utilizaron "Girls & Boys"
prácticamente para abrir y tocaron temas últimamente tan
poco habituales como "The Universal", "To The
End", "For Tomorrow" o la peor de su carrera
("Tender"), pero ni sonaron bien ni
se les notó especialmente motivados.
Suede
hicieron lo de siempre, tal como se esperaba, con dos puntos a favor ("The
Drowners" y "Europe Is Our Playground") y
cuatro en contra (dos temas de "A New Morning"
y otros tantos nuevos, que son todavía peores). Siguen siendo profesionales
pero cada vez más aburridos. Tanto, que creo que ya no motivan
ni a los fans más acérrimos.
Algo similar sucedió
con los míticos Echo & The Bunnymen, que ya
nos vienen habituando también a hacer siempre lo mismo. Presencia
y repertorio de pata negra, por supuesto, pero esta vez completamente
falta de intensidad. Igual fue cosa mía, ya que conozco a al menos
cuatro personas que lo ponen entre lo mejor del festival. The
Coral, supuestamente última revelación del pop
británico, no me comunicaron nada y me irritaron especialmente
con su interminable canción final, pero me espero hasta que escuche
los discos, ya que me ha dicho una amiga que no están tan mal.
Finalmente, mencionar la hermosísima actuación de los Zephyrs,
sensibles y brillantes si te pillan en el momento adecuado. Su cierre
con "Stargazer" mientras el sol comenzaba a
ponerse fue sencillamente mítico.
Lo más interesante,
como ya se advería a a priori, se produjo en los escenarios pequeños.
The Delgados, en estado de gracia, ofrecieron con diferencia
el mejor concierto del festival y, de momento, el mejor del año.
Sólo centrados en "Hate" con algún
rescate de "The Great Eastern", mantuvieron
sus ya conocidos valores en directo (tan apabullantes y majestuosos como
sensibles y frágiles) pero además los superaron con nuevos
matices intepretativos (arrebatador "Woke From Dreaming")
y un especial feeling con el público. Con permiso de Radiohead,
creo que estamos ante la mejor banda del momento.
Múm fueron los segundos mejores. Ya sin Gyda
pero con una Kristin exuberante (premio a la chica más
guapa del festival) y un Orvar sin complejos (llevaba
una camiseta de Guns N' Roses) alternaron temas nuevos con relecturas
más arriesgadas del "Finally We Are No One"
para poner de manifiesto (recuerden su edad) que todavía van a
ser más grandes de lo que son. Una delicia sin límites.
Molaron los Raveonettes,
un tanto perdidos en su disco pero bastante letales sobre el escenario.
Básicamente son una copia de los Jesus & Mary Chain
pero con chica. Dan sensación de peligro glamuroso y diluyen el
rollete más soft del álbum para decantarse por el más
ruidoso. Fue el mejor concierto de rock del festival, mientras que la
sorpresa diría que fueron Ms. John Soda en una
actuación similar a la que ofrecieron el año pasado The
Notwist: indietrónica de lujo más encaminada hacia
el lado rockista.
De lo visto por mí,
poco más que destacar. Camera Obscura se mantuvieron
en su línea habitual y Black Box Recorder simplemente
cumplieron. Su nuevo disco, bastante más flojo que los dos anteriores,
no ayudó a animar a nadie pese a ser mucho más alegre. Para
alegres, The Postal Service, quizás la mayor decepción.
En un concierto infinitamente inferior al que les vi en Madrid, cambiaron
de chica (ésta está algo más buena pero canta mucho
peor) y añadieron a un guitarrista (visto de lejos me daba la impresión
de que podría ser el de Death Cab For Cutie) que
le añadió un toque rockero con el que se jodieron todas
las canciones. Carpa abarrotadísima y concierto populista con incitación
incluida a dar palmas. Una pena.
Me gustaron bastante Adult.
con su toque de electroclash con actitud punkarra y una Nicola Kuperus
que es una caña en el escenario, Chicks On Speed
se me quedaron en la performance y Death In Vegas me
defraudaron con un concierto demasiado ralentizado y con poca chispa.
Nicola Kuperus, de nuevo, les sacó las castañas del fuego
destrozando en un final glorioso el "Hands Around My
Throat". El concierto terminaba y la tía siguió
hacia los camerinos berreando a su bola y en plan Johnny Rotten
"hands around my throooat, ask me to let goooo". Lo
dicho: una caña de personaje.
En cuanto a los Dj's he
visto bastante menos de lo que pensaba ver. De hecho, recuerdo solamente
a Michael Mayer y el otro tío que estuvo en la
fiesta previa y, por supuesto, a 2 Many Dj's. Sus sesiones
son divertidísimas, no tienen complejos y todo eso. Todos los puristas
del rock deberían verlos al menos una vez en su vida porque quizás
pongan a prueba sus prejuicios. El bootlegging puede ser una puta mierda
si no se hace con sentido, pero este par de belgas lo hacen de puta madre.
Tras verlos varias veces, se confirma que en su show cada vez hay menos
sitio para las sorpresas pero, lo dicho, la diversión está
garantizada.
De los españoles
no vi casi nada (bueno, es que no había casi nada). Era fácil
que lo mejor fuera Nacho Vegas a pesar de que su recalcitrante
tendencia a alterar las canciones cada vez que las interpreta (rollo Dylan,
¿no?) no siempre las haga mejorar. Y eso fue lo que sucedió
con "El Salitre", "Stanislavsky"
y casi casi con "En La Sed Mortal".
Sr. Chinarro no estuvo muy inspirado y Ellos
(tranquilo, Javi, que no me he convertido) empiezo a pensar que no son
tan malos. Las razones las doy en el Rockdelux de octubre.
Bueno, ya puestos, hablo también de la fiesta de presentación,
que este año la llevaron al recinto del festival (se acabó
el velódromo) pero no al escenario grande, sino a una carpa. Realmente
no tuvo puto sentido, porque en una fiesta de presentación debería
haber grupos más animados y no gente como Budapest, Calc
o The Sunday Drivers. El Columpio Asesino tuvo
su gracia y, si somos sinceros, lo único que pegaba ahí
era Deluxe por su rollo más populista. La multitud
sacó banderas de Nunca Máis como si se tratara de la versión
gallega y tardía de U2 o Simple Minds
pero, claro, eso son palabras mayores. Los más interesantes con
diferencia eran los Pernice Brothers pero el escenario
se les hizo demasiado grande. Esta vez no versionaron a New Order
sino a los Pretenders, con "Talk Of
The Town". Tiene buen gusto este hombre.
Nos sigue quedando, menos
mal, Portugal. Yo ya he dicho que el año que viene no vuelvo, pero
no sé si me váis a creer.
DAVID SAAVEDRA
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