|
|

20
de agosto de 2003 Palacio de Congresos, Salamanca
"Dress",
el primer single de Pj Harvey, versaba sobre las servidumbres
y el sentido del engalanamiento femenino. Su segundo sencillo, "Sheila-na-Gig",
se inspiraba en una escultura celta que representaba una figura femenina
con las piernas abiertas en clara actitud exhibicionista. Entre ambos
vértices se ha venido moviendo Pj Harvey desde
"Dry" hasta "Stories of the city,
stories of the sea", su último trabajo hasta la fecha.
En éste descubríamos la imagen más estilizada de
una de las mujeres más atractivas del planeta a la par que, ulteriormente
en la gira, medraba un animal escénico, libidinoso y explícitamente
tentador, como si se tratara de la serpiente misma del paraíso,
hecha Eva, danzando con desdén demoníaco como aconteció
en su soberbia actuación del Fib 2001. Tras aquello, la noticia
de su única actuación en territorio nacional, con el aliciente
de tocar en todo un señor Palacio de Congresos salmantino, se mostraba
como una oportunidad inexcusable para solicitar vacaciones, coger el coche
y pasarse unos días por allí. Mi “agosto” ya
tenía destino prefijado desde junio.

Y, de nuevo, volvió
a incitar a comer la manzana con idéntica actitud: mínima
en ropajes, desafiante y magnética, pisó las tablas y deslizó
por su guitarra los arrastrados acordes que abren "To bring
you my love". Vértigo, conmoción, enardecimiento
colectivo... y es que con Pj siempre pasa lo mismo: su sola presencia
aturde. El público suspira en cada pico emocional de la canción
y rompe en aplausos cuando la curva desciende. Finiquitado el tema, acontece
un desajuste. " I can´t see nothing"
decía Polly e, inmediatamente, uno de los responsables de la organización
confirma que hay un problema con la iluminación, que van a solventarlo
y que en unos minutos se reanudaba el concierto. ( Un desconcertante coitus
interrupus justo cuando la sangre hierve). Polly se acerca al micro y
dice que no hay problema, que el concierto sigue aunque sea sin la luminotecnia
prevista, gesto que provoca una exaltada ovación de sus seguidores.
Se encienden las luces generales del Palacio, arremete con "Dress",
la gente se levanta y se abalanza hacia el escenario y todo lo que se
supone que debería ser un concierto en un recinto así (a
saber: butacas numeradas, público sentado....) pasa a mejor vida.
Esto es rock de filo de cuchillo, imposible domesticar tanta incontinencia.
Llegaba "la"
Harvey con formato trío (con Rob Ellis y Mick
Harvey como acompañamiento de lujo) en una serie de recitales
previos a la grabación su próximo trabajo (del que cayó
algún tema, dejando entrever un retorno al rock rugoso y quebradizo
de “Dry o “Rid of me”). Desechando
cualquier recurso teatral, optó por una confrontación cuerpo
a cuerpo sin concesiones, apelando al lado más visceral y crudo
de su discografía, algo realmente sorprendente teniendo en cuenta
el tipo de recinto escogido y las posibilidades de su repertorio. Así,
“Men size” y “Big
Exit” se pasearon de nuevo por el papel de lija ,
“Me Jane” y “The
whores hustle and the huslers whore” se mostraron
como vigorosos arrebatos de energía desbocada, mientras que “Snake”
y “Rid of me “, en la que invitó
al público a ejercitar su falsete en el mítico “lick
my legs I´m on fire”, hicieron temblar los cimientos
del Palacio con su violencia sexual, constatando que en este sonido y
en esta mujer descansan algunas de las muestras más intensas y
punzantes del rock de los últimos tiempos. Sin embargo (no nos
dejemos llevar por la acrítica de la pasión) hubo algunos
momentos aislados en los que los habituales términos “desgarro”
y “pasión” podrían intercambiarse por “profesionalidad”
u “oficio”. Ejemplo máximo fue ese frío “Good
fortune” exento de alma, o en su repertorio intermedio
más relajado, como “Angelene”,
que quizá hubiera ganado de desarrollarse en las condiciones escénicas
inicialmente previstas.
Tras una hora de actuación,
ya en los bises es recibida como la María Callas del Rock ( ramo
de flores incluido). Cuando, viendo la línea por la que había
transcurrido su pase, se esperaban hits como “This is
love”, llega “ese” momento. El momento
en el que te das cuenta delante de quién estás. En el Fib
2001 tenía dudas sobre el sensual “Down by the
water” o aquel volcánico “Rid
of me” interpretado en solitario. Aquí cada
cual tendrá el suyo, pero a mi juicio llegó cuando -muslos
blanquecinos entreabiertos, piernas semidobladas sobre vertiginosos tacones
de aguja, guitarra a un lado- cerró sus ojos, echó hacia
atrás la cabeza y, en pleno deleite visual, entregó todo
su cuerpo a la grave cadencia blues de “I´m think
I´m a mother”. SINTIÉNDOLO. Como follar
en plena sintonía carnal, desarrollando el sexo lentamente para
que el goce se extienda al infinito, cada vez con mayor intensidad, con
todas las fibras nerviosas recibiendo pequeñas y constantes descargas
de placer in crescendo en las que te quedarías de por vida. El
rock hecho carne, la música, la imagen y la actitud fundida en
una sola sensación: erección del alma, que diría
Fernando Alfaro. Y Polly demostrando que, aún
en una gira alimenticia, es capaz de contagiar sexo, sudor y lágrimas
como nadie. Está claro que no fue la sobrenatural exhibición
de hace 2 años (uno de los mejores conciertos que este cronista
ha presenciado en su vida) y que la ausencia de un nuevo trabajo que presentar
quizá le restó excitación al evento, pero yo me pregunto:
¿quién está hoy a esta altura?. No respondan, que
ya lo hago yo: pocos, muy pocos. Voy un poco más allá: ¿
alguien?. ¡Por favor, qué vuelva ya!.
JAVIER BECERRA
|