Finales de junio, resaca de exámenes, resaca de haber salido el viernes y el sábado en Coruña. Salgo el domingo de currar a las 4:00 y rumbo a Vigo con un cansancio acumulado de mil demonios. ¿ Motivo?. Pues el colectivo Sinsal se montan un pequeño festival donde tocarán un ramillete de grupos, servidos en forma de saludable menú ante la habitual dieta de colesterol y comidas basura a la que nos someten los poderes mediáticos ( bonita metáfora sobre el estado de las cosas) y de paso reivindicar el derecho a escuchar esas otras músicas . Ello y la posibilidad de pasarme unos días en Vigo haciendo el vago, recuperando otros tiempos de vida estudiantil fuera de casa, eran un reclamo que ni todas las horas de sueño perdidas por la semana podían frenar.

Realmente este mini festival era una réplica a escala del Festival de Porto que se celebraba en Portugal la misma semana con la presencia de, entre otros, Cat Power, Migala o Nacho Vegas. El domingo 29 se iniciaba en la sala Vademecwm la primera jornada con las actuaciones de TREM FANTASMA y HOOD. Y empezaban mal las cosas: primero nos trajimos de Coruña la lluvia puesta y, segundo, los británicos extraviaron el equipo en el aeropuerto. El resultado fue un retraso de dos horas respecto a la fecha programada con la desesperación general del numerosísimo público congregado. Sobre todo quien tenía que trabajar al día siguiente. Como no era mi caso (oh!, qué dulce sensación) tiramos de cervezas, saludos y apretones de manos para apaciguar la espera.

TREM FANTASMA son un nuevo grupo de Vigo desconocido para la mayoría. El programa del festival hablaba de un sonido entre el jazz y el pop y, en efecto, algo de eso algo había, pero principalmente lo que irradiaban una enorme influencia de Tom Waits, es decir baladas de rock clásico de base acústica, maceradas en whisky con adornos de jazz, chanson e incluso tango. Buenos músicos, con continuos problemas de sonido, su actuación transcurrió discreta, sin pena ni gloria. Y cuando estás medio adormilado ( sueño + resaca + cerveza = combinación letal) eso es lo peor que te puede pasar. Me temo que no era ni el momento ni el lugar, ni (yo) el oyente adecuado.

Todo lo contrario de HOOD, sin duda lo mejor de los dos días que asistí. He de confesar antes de todo que, siendo conocedor parcial de su discografía, nunca he tenido por ellos el mismo entusiasmo que muestra la crítica y que, por ejemplo, discos como "The Cycle of days” o el aclamado “Cold House” no me produjeron en su momento el impacto esperado tras leer generosos adjetivos en la prensa musical. Por ello, quizá la sorpresa fue aún mayor en mí que en sus fans, ya que su concierto fue un derroche de experimentación pop de esas que te capturan del primer al último segundo y permiten recurrir a la metáfora de la burbuja sonora sin que exageres lo más mínimo. Soberbios en el manejo de la intensidad y en las catarsis rítmicas (impresionante la labor a las baquetas de su espectacular batería) HOOD justificaron en todo momento su condición de pequeñas estrellas del underground en una región intermedia entre Notwist y los Radiohead del “Kid A”. Desde la lírica desangelada que linda con el escalofrío, al terrorismo noise que te sacude el pecho, su sobresaliente actuación venció de lleno a mi escepticismo. Tanto, que nada más terminar su me compré su recientemente editada recopilación de singles. Sin embargo, ahora que mientras redacto estas líneas suena el “The Clycle of days” de fondo, me cuesta reconocer en lo que oigo lo que vi el otro día, lo que me viene de maravilla para decir una cosa en la que mi colega Enrique Martínez siempre insiste y, hoy, no me queda más remedio que darle la razón: el lo-fi puede que sea muy romántico y que tenga mucho encanto, pero por lo general no suele ser más que una traba para el desarrollo de la calidad de un grupo. Si es que la tiene, claro. Y HOOD esta noche la derrocharon a raudales.

Dormir en un piso de aroma universitario hasta las tropecientas, en un sofá con el saco de dormir. Buff... Ya hacía tiempo. Me despierta una llamada de teléfono de mi novia confirmándome que ¡ya tenemos entradas para ver a Pj Harvey en Salamanca!.! Guau!. Este fin de semana parece un retorno a los 20. Eso sí, el mal tiempo no cesa y nuestra visita por la ría queda bastante deslucida. Bocata va, bocata viene, una cerveza en mal estado me revienta el estómago y seguimos dando besos, abrazos y achuchones a ex compañeros de la facultad que te hablan de su trabajo y de su jefe y me confirman lo agridulces que son estos tiempos de desastre, que decían Migala. Sobre todo cuando se anda en la estresante cuerda floja en la que llevo un año, haciendo equilibrios malabares que no van en ninguna dirección.

El lunes las actividades se desplazaban al Cine Salesianos, acertadísima decisión de la organización ya que ese recinto se me antoja perfecto para este tipo de conciertos. Todo un lujo que se merece el mayor de los aplausos. Llegamos a la puerta y le doy mi nombre al portero. Me dice que no estoy en la lista. Le digo que me acreditaron y que ayer sí estaba, que él mismo fue quien me dejó pasar. Me contesta “ pues hoy no estás” y suena a que no hay posibilidad alguna de discusión. Sospecho que pasar por taquilla a desembolsar los 12 euros es la única solución si pretendo ver las actuaciones de ese día. Osea, que empezamos bien la noche. Resignación y a soltar euros por la ventanilla. Entre tanto, me pierdo los primeros minutos de la actuación de EXPLOSIONS IN THE SKY y me siento en una de las pocas butacas que quedaba libres justo delante un altavoz que me reventaba los tímpanos. Solución: improviso unos tapones para los oídos con un clinex y me dispongo a comprobar si su directo realza las medias tintas de sus grabaciones. Los norteamericanos son, en mi opinión, un 2ª fila demasiado asentado en los clichés del post rock de subidones y bajones como para poder despuntar con algo propio y/o interesante que decir. Y cuando se experimenta sobre los experimentos de otros, generalmente, la jugada sale mal. Eso ya lo decían en sus discos y, lamentablemente, sobre el escenario la sensación se repite. Previsibles, como unos descafeinados Godspeed de andar por casa o unos Mogwai haciendo caso omiso a la sutileza y la emoción, su actuación olió en todo momento a sucedáneo y a un grupo que se ahoga dentro de un patrón prefijado. No es por tirar de patriotismo, pero a nivel nacional, conozco al menos 10 bandas que podrían ocupar su lugar con mucha mayor solvencia y calidad. “Qué pena que no hallan venido Migala”, le digo a uno de mis acompañantes. Y sí, que pena.

Pitillito, nuevos saludos, refrigerio y retorno al Cine, porque LUNA empezaban su comparecencia, por lo que comentaba todo el mundo, lo más esperado del festival. Y el arranque, sustentado principalmente en temas de “Romántica”, tuvo en el deficiente sonido su peor aliado. Dean Wareham y sus compañeros se notaban incómodos, mirándose entre sí y conscientes de que aquello iba por mal camino. Pero con profesionalidad y el humor de su guitarra lugar teniente fueron poco a poco encontrando el acomodo entre “1995”, “Bewithced”, “Pup tent” y otros clásicos de la banda. Ya en la recta final y plenamente afianzados sobre las tablas llegó “23 Minutes en brussels” y a más de uno le costó mantener la compostura sobre su asiento, ya que durante 8 minutos revivieron lo mejor de la tradición del rock de Nueva York de la Velvet Underground a esta parte: sencillamente maravilloso. Ovación de gala y un bis que culminaron recuperando el “4th of Jully” de Galaxie 500, momento para encender el móvil y enrabietar a los colegas que no han podido/querido venir. También tiempo para mentalmente eliminar del escenario al segundo guitarra, teñir de negro a la bajista e intercambiar su convencional imagen sexy por el atractivo halo de misterio de Naomi Yang colocar a Damon Krukovski de Moe Tucker pirotécnica y, ya puestos, sacar una conclusión demoledora: que el mejor momento de tu actuación y el tema más aplaudido sea una canción de tu ex-banda explica perfectamente el porqué cada escucha que hago de LUNA siempre termina en el mismo sitio, que no es otro que navegar por la discografía de Galaxie 500. Un pasado muy pesado, para una notable banda, LUNA, sita a años luz de lo que Dean Wareham hizo en sus tiempos mozos. Y ( tengo que decirlo) eso no me sucede oigo a DAMON & NAOMI.

Pero bueno, las máquinas del tiempo, aún no se han inventado y nos vamos (otra vez lloviendo) con un dulce sabor en el paladar. Vuelvo al saco y me despierto temprano, al desayunar leo en el periódico que en el Parlamento un diputado del PP llamó ,con ánimo de insulto, “ maricón “ a Llamazares. Viendo que “rojo” y “comunista” ya tienen una nueva compañera como arma arrojadiza de la dialéctica del ppeísmo, la verdad a uno ya le empieza a extrañar que la palabra “demócrata” no entre a formar ya parte del catálogo de insultos de Aznar y sus amigos. En fin... pillamos el coche y emprendemos viaje con el “Technique” de New Order y “Souvlaki” de Slowdive de compañeros (que siempre mola recordar con colegas discos clásicos, aunque eso de decir - y lo dijimos varias veces- que “música así ya no se hace” sea un síntoma personal nada alentador) . El viernes será la última jornada con JEANS TEAM y KITTEN CLUB, pero uno es de fuera y no puede volver ese día. Si alguien que vaya a asistir se anima a completar estas líneas el sitio es suyo. Yo, ya en la vida normal, cierro el fin de semana y me pongo a mis labores, esperando que la experiencia se instaure y se repita en años venideros. Y bueno, y si para entonces mi vida estuviera más ordenada y enfilada ya sería la leche.

JAVIER BECERRA