Me han pedido que escriba algo sobre nuestro grupo favorito. Es difícil hacerlo por varios motivos; primero porque siempre hemos sido contrarios a cualquier jerarquización de los grupos, directores de cine o escritores que nos gustan; y segundo porque escribo esto en representación de los cuatro miembros del grupo y no sólo a título personal. Hay cosas demasiado diferentes e igual de buenas que nos apasionan tanto que somos incapaces de hacer una lista en la que JOY DIVISION compita con JESUS AND MARY CHAIN como Fernando Alonso lo hace con Kimi Raikonen. Sin embargo, en momentos de “efusividad” y con nuestro acento toledano, siempre hemos sido dados a hacer exclamaciones como: << ¡VELVET UNDERGROUND son los mejores!>> o << ¡no, son los SPACEMEN 3!>>. Con el paso del tiempo creo que el grupo que mayor número de veces ha sido sujeto de esa frase ha sido CAN.

En 1997 el único que vivía en Madrid era Alberto, aunque era un año menor que nosotros –nació en el 81- sus padres habían decidido que saliera antes del pueblo que le incitaba a la droga. Un día de ese año nosotros veníamos a ver el concierto de presentación del I can hear the heart beating as one de YO LA TENGO. Alberto no podía venir al concierto, pero sí vino por la tarde a la ritual compra de discos que hacíamos cuando veníamos a Madrid. No recuerdo si fue en Discos Del Sur o dónde –él seguro que sí lo recuerda- mirando algún cd se me acerca con el Tago Mago en la mano y me dice: <<Me voy a comprar este disco, he leído por ahí que es la hostia. ¿Te acuerdas del último o el penúltimo tema del Barbed with kisses ? Pues es una versión de la dos de este disco>>. Yo flipé con la portada y ahí se quedó la cosa. Después de tomar una caña y humear nuestro cerebro, él se tuvo que pirar muerto de rabia y el resto nos fuimos a la sala Ktdral. Al día siguiente hablando por teléfono le cuento lo increíble del concierto, con cuidado de no provocarle mucha envidia, pero él está absolutamente abducido por el disco y el concierto se la suda. <<Vais a flipar, cuando os lo pase os fumáis un par de porros y lo escucháis entero>>. Así lo hicimos cuando el fin de semana siguiente se trajo el disco bajo el brazo y lo escuchamos en el mágico fumadero colectivo que teníamos por local de ensayo.

Con algún canuto más de lo recomendado, la experiencia no puedo decir que fuese únicamente gratificante. La escucha tuvo todo tipo de sensaciones, desde paisajes visuales e invitaciones al baile, hasta el miedo esquizofrénico. Alemanes, un chino cantando, ritmos alcanzado la perfección, un sonido de otro planeta, melodías entre la belleza onírica y la oscuridad de la pesadilla. Sonaba diferente a todos los grupos psicodélicos que nos molaban, sólo podíamos compararlo a uno de nuestros temas favoritos de THE VELVET UNDERGROUND, The murder mystery.

Comunismo, anarquismo y nihilismo. ¡Cuanta contradicción! Nos fascinaba, y creo que el paso del tiempo sólo ha acrecentado más esa fascinación. Después de Tago Mago los cuatro comenzamos a comprar y a intercambiarnos discos de CAN, Future Days, Soundtraks, Monster movie, Saw delight … ¡Nos flipaban todos! Cada uno era diferente entre sí y el no repetir una formula hasta el infinito es algo que siempre hemos valorado en los grupos. Pero además en cada disco de CAN se inventaba un estilo sin dejar de conservar un encanto especial. En todos hay magia y una invitación a la misma. Empezó a influenciarnos a la hora de hacer improvisaciones en el local, queríamos sonar como ellos. Un par de años más tarde aprendimos quien era STOCKHAUSEN y que algún miembro de la banda alemana había sido alumno suyo; que el batería tocaba jazz; que a Damo Suzuki se lo encontraron tocando en el metro; etc. En fin, todas estas cosas que pueden leerse en cualquier artículo del Kraut rock que ahora publican las revistas especializadas cada dos por tres. Descubrir todo esto era un planchazo para cuatro chavales perdidos en un asqueroso pueblo de la meseta e influenciados por todo eso del amateurismo indie. Descubríamos, en parte, el por qué de lo insólito de estos discos y el por qué de lo irrepetible. Aún así, nosotros sabíamos que sólo había que dejarse llevar por ciertas sustancias alucinógenas, por la improvisación y la repetición para conseguir algo tan excelso como lo que escuchábamos en CAN.

Nuestros amigos pensaban que habíamos enloquecido y que esa música que escuchábamos no podía tener nada más que malas consecuencias para nuestra salud mental. Tuvieran razón o no, lo cierto es que en cierta manera nos gustaba esa fama de tarados que nos estábamos ganando. Cuando en algún concierto o en alguna fiesta conocíamos a alguien que le molaba CAN y NEU! pasaba a ser amigo nuestro independientemente de que fuera gilipollas. Cualquier banda que nombrara o nos recordara a CAN tenía y tiene nuestro respeto. Así eran las cosas. Ahora son de otra manera pero los discos de CAN siguen ahí.

Me pasa, y sé que a éstos también, que cuando estoy aburrido de toda la música que hay o no sé que coño poner, voy a por un disco de CAN. Después de llevar un rato escuchando, descubriendo nuevas cosas que en la enésima vez de escucha no había descubierto, sólo puedo decir que ¡CAN son los mejores!

Carlos Toronado - PAL (Noviembre, 2005)