Si escribiese sobre mis músicos favoritos tendría que dejar de componer canciones y reconvertirme a otra monogamia ocupacional y me desvanecería antes de llegar a la primera guitarra de juguete de Bob Dylan, porque cada uno de ellos merecería una hagiografía en la que tendría que concentrar todo mi metabolismo y el riñón dejaría de filtrar impurezas; y además sin las canciones no soy nadie, no sé poner una bombilla. Luego mi otro y yo hemos decidido, y por una vez exactamente lo mismo, que voy a escribir, y cuanto menos me piense las palabras mejor para así ser plenamente coherente con el pálpito que generaron en mí súbitamente, sobre algunos de los álbumes que me enamoraron a primera vista, desde la primera canción, desde el primer sonido, o incluso desde la portada.

Songs Of Pain : Dos cedes con las canciones que Daniel Johnston interpretaba en su garaje (porque aquí no hay un proceso entre la composición y la interpretación, se interpretan según se componen, o se componen según se interpretan, no sé, seguramente la virtud de este genio está justo en la mitad de ambos, lo que desequilibraba perfectamente su balanza). Muy importante la colaboración de su madre, gritando perfectamente afinada Déjalo ya Daniel, que me va a estallar la cabeza y se me queman las salchichas.

The Freewheelin' : Podría incluir cualquiera de los discos de Bob Dylan , pero éste en particular contiene una de mis canciones favoritas, Girl From The North Country , y su guitarra acústica, armónica y voz concluyen en el misterio de la santísima trinidad, donde la guitarra es quien canta, la voz percute y la armónica suena como una orquesta sinfónica.

Pink Moon : Creo que Nick Drake podría haber vestido sus canciones con cualquiera de los instrumentos del abecedario musical de oriente y occidente, porque son tan increíbles que admiten toda clase de citas. Pero desnudas, como es lógico, siendo tan bellas como son, te dejan sin respiración. La guitarra y el piano más la voz son un ejemplo infinito de cómo se puede escribir una canción desarropada que contenga tanto esplendor armónico y moral. Mi ideal de canción.

American Recordings : El primero de los capítulos de los American Recordings de Johnny Cash, cuando por fin llega un productor (Rick Rubin) que suspende los arreglos de boda y los toros mecánicos y pone en primer plano la voz y la guitarra. Me lo compré por la portada, y desde entonces cuando sea mayor quiero ser Johnny Cash, sin duda. Sus canciones, más sus revisiones de canciones de Kristofferson, Wainwright, Lowe... y la asombrosa versión de la tradicional The Beast In Me me hacen sentir una experiencia religiosa.

Guetto Bells : Quiero hablar de algún álbum reciente y, la verdad, en la memoria de los muchos discos que he escuchado últimamente que se hayan publicado este año, éste de Vic Chesnutt permanece en primer plano: Áspero, apoyado en la imaginería orquestal de Van Dyke Parks y la guitarra expansiva de Bill Frisell (dos – aunque egregios- componentes que, para mi gusto, a priori restaban en un álbum de Chesnutt), me atrapó desde sus primeros compases, y cuando aparecen los coros de What do you mean? ya estoy entregado en posición fetal.

REMATE (Octubre, 2005)