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Los SMITHS fueron
mi grupo favorito. Yo aún iba al colegio, pero mi hermano mayor
traía a casa la revista del instituto, en la que siempre escribían
acerca de ellos. Recuerdo con claridad la primera foto que vi. A pesar
de tratarse de la clásica fotocopia en blanco y negro, yo no me
cansaba de contemplarla. Había algo en esos tipos diferente a las
bandas de rock que podías ver en la tele por aquel entonces, una
imagen muy chula que revelaba de alguna forma que su música encerraba
verdades aún desconocidas por mí y que me empujaba irremediablemente
a aquel mundo. Supongo que tenía que ver con que en la televisión
había podido escuchar un trozo de una canción y la voz me
había maravillado, pero algo por dentro me decía, sólo
con mirar aquella foto en una revista de instituto, que ese grupo iba
a formar parte de mi vida.
El caso es que se acababan
de disolver. El primer disco que me compré no fue realmente de
Los SMITHS, sino el primero en solitario de Morrissey, "Viva
Hate", durante mi estancia en Madrid en el viaje de estudios
de 8º de EGB. En musicasete, of course. Pero a este fueron siguiendo
uno a uno todos los discos del grupo, cuando ya iba al instituto. Aquello
fue una obsesión, una obsesión maravillosa. No me podía
creer que hubiera gente que pudiera estar viva sin ser fan de Los SMITHS.
Para mí no sólo se trataba de canciones impresionantes,
sino que además simbolizaban todo aquello que me fascinaba: el
batería procedía de un oscuro grupo punk, el bajista había
sido yonki, el guitarrista era el genio a la sombra (siempre he sentido
debilidad por los aparentes segundones) y el cantante era sensibilidad,
ambigüedad sexual, provocación, belleza... todo. ¿Qué
más se le puede dar a un adolescente desencantado con el mundo
y hambriento de mitos a los que aferrarse?
Johnny Marr escribía esas frases de guitarra tan increíbles,
unos arpegios que encerraban un gusto claro por el rocanrol de los cincuenta
y por el folk británico de los sesenta ( pienso en Roy Orbison
y Bert Jansch, acaso) y que sin embargo sonaban absolutamente únicos,
tocados con virtuosismo pero sin exhibicionismo (¿de cuántos
guitarristas podrías decir eso?). A pesar de que algunos sonidos
de las guitarras eléctricas hoy acusan demasiado esa tendencia
tan horrible en las producciones de aquellos años (los 80 pasaron
factura a todos), Johnny Marr fue un genio con Los SMITHS
y cuando me preguntan por mis guitarristas favoritos lo sigo mencionando.
El carisma, claro, lo ponía Morrissey, con su forma de cantar,
tan excitante (nadie a logrado cantar así sin resultar de un afectado
insoportable) y con sus letras, con las que yo embadurnaba mi pupitre
con auténtica devoción -las más tristes "How
soon is now?", las más perversas "Handsome
devil", las más irónicas "Girlfriend
in a coma" que nadie haya escrito jamás-. Toda la
rumorología que la prensa musical inglesa había organizado
en torno a él, así como sus declaraciones, esquivas y mordaces,
no hacían más que aumentar mi adoración. Era otra
vuelta de tuerca, parecer un depravado y abogar por el celibato, salir
con un ramo de flores en el trasero y animarnos a matar a los disc-jockeys
(¿de verdad alguien cree que sus letras han envejecido?). No es
que yo quisiera follar con Morrissey, es que deseaba que él
me follara (vaya, nunca había formulado antes este deseo de forma
tan clara. Por suerte uno va, poco a poco, perdiendo la vergüenza).
Lo de Los SMITHS
y las portadas es algo muy poco valorado y que merece mención aparte.
Son el único grupo de rock que me conste que haya hecho algo así,
esto es, que todas y cada una de las carpetas (y contando álbumes
y singles, un formato este que por aquel entonces aún era importante,
hasta que la industria descubrió que por prácticamente el
mismo coste de fabricación y con un puñado de canciones
de relleno se podían vender álbumes a un precio mucho más
elevado, contando álbumes y singles, digo, son unas cuantas) remitan
a un mismo y particular universo, el de Morrissey y su paraíso
de iconos culturales. Todas eran fotografías en tonos sepia o colores
rebajados que les daban un aire añejo, casi rancio, que resultaba
de lo más atractivo. En ellas aparecían actores, escritores,
modelos, cantantes (Joe Dállesandro, Truman Capote, Candy Darling,
Elvis, verbigracia) y en definitiva cualquier personaje que habitara
ese mundo de estrellas pop del que ahora el propio Mozzar es parte.
Recuerdo como uno de los
momentos más emocionantes de mi vida aquel en el que me encontraba
en el buzón de casa alguno de los números de How Soon
Is Now?, ese estupendo fanzine dedicado por entero a Los SMITHS
que editaba derrochando cariño una chica llamada María José,
si mal no recuerdo, y que yo devoraba n +1 veces seguidas.
En fin, imagino que esta
mitomanía desbocada estará a punto de provocarle la náusea
a más de alguno que pueda estar leyéndome, pero estas son
las cosas que me fascinan y que me hacen sentirme joven y vivo... Sólo
diré una cosa más: Los SMITHS siguen siendo mi grupo
favorito.
NACHO VEGAS

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