¿Qué puedo decir de esta mujer? Hoy nada bueno. La verdad es que nunca ha sido santo de mi devoción, pero recientemente me ha tocado las narices de una manera sobresaliente. Esa nueva imagen paramilitar, el famoso vídeo de "American Life", su enésimo escándalo de salón han tocado, esta vez sí, a la fibra sensible. Supongo que reaccionando así he picado, he mordido el anzuelo y le estoy haciendo el caldo gordo. Pero que remedio me queda.

Porque veamos: ¿A qué viene todo esto? Ese vídeo al parecer antibelicista e irónico que publica unas horas para retirarlo inmediatamente después, que filma al parecer unos meses antes de que, con certeza, dé comienzo una guerra, ¿a qué responde? Respuesta: al madonnismo más puro y duro. ¿Qué es el madonnismo? Respuesta: la obscenidad como mercancía y como arma publicitaria.

El concepto de obscenidad varía de unos a otros. Cada uno de nosotros tiene el suyo, y con él se rige. Si hubiera vuelto a emplear de manera irreverente la imaginería religiosa, la de cualquier religión para promocionarse, yo no estaría escribiendo este artículo. Si le hubiera vuelto a dar por el tema lesbo-sadomaso-promiscuo de la etapa de "Erótica" y "Sex" del que ahora "como madre" casi "abomina", me daría igual. Paso de esos temas, no ofende mi decadente escala de valores, y no resultan molestos. Otra cosa es yo piense que atacar los valores de ciertas personas sin albergar la intención de plantear un verdadero debate sobre ellos, sino para conseguir publicidad barata, es muy discutible. Pero todos sabemos que nuestro grado de beligerancia es directamente proporcional a nuestra involucración personal.

Cuando a principios de los ochenta la Ciccone consiguió que todas las niñas de 12 años de América se maquillaran como mujeres de la calle, y cantaba "Like a Virgin" descoyuntándose en una góndola veneciana, a mí me daba igual. Y además como gracias esa canción se consiguió uno de los mejores diálogos de Tarantino al principio de "Reservoir Dogs", mejor. Y de hecho trajo la mejor escena de "Moulin Rouge", en la que la que el vicioso subtexto de una canción perversa, escrita por dos hombres para que la cantase una mujer, se hacía completamente patente. Después, cuando a finales de los ochenta, en el vídeo de "Like a Prayer" la imagen hecha carne de un santo negro se ponía las botas con ella, en agradecimiento por haberla consolado del trauma de una violación múltiple, mientras un coro baptista entonaba un gospel fervoroso, sólo me reía. Después vinieron sus discos, libros y pelis en los todo era sexo medio guarro y porno vergonzante. Pero como físicamente nunca me ha dicho nada, y en su versión musculosa de body building aún menos, prefería otro material para cubrir esas "necesidades".

Después vino su iluminación mística, cuando parecía la bruja Morgana, hilarante, pese a que "Frozen" era un temazo. La verdad sea dicha, siempre ha pagado bien a los productores más modernos para de este modo no apearse del carro de la modernidad. Ella nunca ha creado tendencias, sino que las ha popularizado. Pero el día que por fin nos libremos de ella y de sus infinitos intentos de ser actriz, su colección de singles será apreciable, pero su papel en la historia del pop será analizado con más rigor que ahora. Y perderá muchos puestos.

Lo de ahora ya me parece mucho más serio. La guerra es un tema serio. Eso lo saben hasta los que viven de ella, los militares profesionales. Esta última guerra ha dinamizado la opinión pública como pocas, se ha convertido, y con razón, en "el" tema. Pero no es una cuestión para que sea empleada de la manera en que lo hace esta mujer. No reivindico el silencio, ni mucho menos, sobre esta cuestión. Expresar cualquier opinión sobre ella es sano, y es bueno. Incluso oír aquellos que están de acuerdo. Y también a aquellos que está en contra, pero sólo por todas las razones equivocadas.

Pero este aprovechamiento que hace Madonna de una circunstancia en la que mueren mujeres y niños inocentes para promocionar su próximo lanzamiento, en el que también utiliza la figura de Ernesto Che Guevara como inspiración, me parece realmente obsceno. Es consecuente con el personaje y su oportunista trayectoria, con un modus operandi en el que no existen barreras para su insaciable ambición. En Madonna todo es cartón y todo es mentira, todo es imagen sin sustancia. A veces incluso dudo de su nueva vida familiar, de la sinceridad de sus afectos, de si el pobre Guy Ritchie no es otro medio útil para un fin. Pero estoy demasiado lejos para saberlo.

Para mí Madonna encarna con exceso lo peor del pop, el lado oculto de esto que nos gusta tanto. Es la trivialización de cualquier cosa, por sagrado que sea; el eterno usar y tirar, la música como artículo exclusivamente de entretenimiento y consumo. Promoción y producto entrelazados hasta conformar una sola cosa.

A través del tiempo la Ciccone ha ido usando y tirando temas y pretextos coordinados con sus cambios de imagen "ad hoc". En algunos casos ha ofendido a determinados grupos con los que uno puede simpatizar más o menos. Pero esta vez está empleando para su lucro cuestiones más importantes, jugando en la barrera última de la moralidad. Con un ojo puesto en la CNN y otro en su revista de tendencias, juega a ser un imposible híbrido entre la Madre Teresa de Calcuta y Dolce & Gabbana. Sabe que están de moda los complementos paramilitares y protestar contra la guerra de Irak. Pone ambas circunstancias al mismo nivel, y procede a montar su nueva campaña de marketing. Pero cualquiera que haya visto la TV con los dos ojos y mande su revista de tendencias a coger polvo, se dará cuenta de que hay cosas con las que no se juega. Tal vez si se hubiera cortado los dos brazos a juego con el niño Alí, en una confusión entre lo que veía en la revista y en la TV su compromiso resultaría más creíble. Suena duro y grosero, pero es que estoy muy harto de ciertas cosas.

Sus excusas banales a la hora de retirar el vídeo, sus superficiales consideraciones sobre sus motivos "profundos" para esta nueva imagen y actitud en la revista "Q", las letras sobre lo duro que es ser ella misma, nos recuerdan que todo en Madonna siempre ha sido, es y será mentira. La única vez que me la he creído del todo, porque aquello sí que le salía del alma, era cuando cantaba con su voz chillona el inmortal estribillo de "Material Girl".

No a la guerra. Y no a Madonna.

ENRIQUE MARTÍNEZ