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Noviembre 2003. Leo en
prensa que, al parecer, las cosas no marchan bien en ésta, la tercera
edición de Operación Triunfo. El programa reducirá
su duración y las eliminaciones se harán por método
de urgencia en vista de que ha visto sensiblemente acotada su audiencia
respecto a anteriores temporadas y que el pueblo llano (que por muy manipulable
que sea, al final, es quien decide) ha dado la espalda al filón
más rentable de la industria musical española de los últimos
años. Me imagino que en algunos despachos se brindará con
champang, mientras en otros se rasgan las vestiduras. A mí que,
sinceramente, nunca me ha preocupado mucho el tema me da por pensar, recordar
como empezó todo este embrollo allá por finales de 2001
y sacar alguna que otra conclusión.
Y si voy al principio,
tendré que situarme en los anuncios previos, cuando nos lo vendían
como una especie de Gran Hermano pero con la salvedad de que los concursantes,
además de “convivir” tenían que aprender a ser
“artistas”. Unos profesores les enseñarían disciplinas
como canto, expresión corporal, coreografías, etc...., un
jurado decidía quienes iban o no nominados y, finalmente, el espectador
dictaba veredicto final con sus llamadas y sus mensajes de móviles.
El precedente de GH estaba ahí y el abajo firmante en su momento
fue un compulsivo seguidor de Gran Hermano, el programa-concurso más
original y, sin duda, el mejor espacio de la denominada telebasura. Gran
Hermano fue un hito histórico y, como siempre suele suceder cuando
aparece un filón así, las réplicas con pequeñas
variantes no tardaron en aparecer (El Bus, Confianza Ciega, aquel de los
actores que ya no recuerdo ni el nombre...), dándoles a todos ellos
una oportunidad que en ningún caso se merecían. OT iba un
poco más allá: no se trataba -decían- sólo
de morbo y de 10 tipos sin hacer nada más que buscar jaleo y hacerse
perrerías unos a los otros. Aquello era una suerte de híbrido
televisivo entre la serie “Fama” y el “1984” de
Orwell encaminado a hallar al candidato perfecto para representar a España
en el festival de Eurovisión (sic). Uno, que de entrada ya descartaba
cualquier empatía musical ante tal panorama, le dio la consabida
oportunidad, no fuera a ser que fuera algo realmente entretenido. Pero
fui incapaz de engancharme. Desde luego Bisbal y Chenoa, no tenían
nada que hacer al lado de Jorge Berrocal, Carlos Yoyas, Kiko o María
José Galera y, en fin, la justificación cultural del programa
me parecía abiertamente deleznable. Sinceramente no le daba ni
dos meses de vida a aquel abobinable engendro.

Pero el programa, contra
todo pronóstico, siguió y, de pronto, llega un momento en
que toda España se había convertido de la noche a la mañana
en una auténtica legión de críticos musicales. Que
si Chenoa es una artista como la copa de un pino, que si Manu Tenorio
era el que más valía porque componía, que si Rosa
tenía voz pero le faltaba imagen, etc.... La crítica nacional
instalada en la plaza de abastos y yo, con estos pelos, no daba crédito.
Por aquel entonces estudiaba fuera de casa, apenas veía la televisión
y mi contacto con OT se reducía a escuchar sus canciones en el
supermercado, los comentarios que se oían aquí y allá
y lo que leía en prensa con bastante desgana. Era precisamente
en ésta, en la diaria, donde más se ensalzaba el fenómeno,
con una cobertura igual o mayor que la que en su día fue Gran Hermano,
pero con la salvedad de que, a diferencia de aquel, daba la impresión
de que OT estaba mayormente bien visto. Nadie decía nada de que
se estaba haciendo desde un medio público (TVE) un lucroso negocio
privado (Vale Music), artistas consagrados aplaudían la iniciativa
de buscar nuevos talentos en la “canción española”
sin advertir que ese superávit les quitaría terreno, los
parásitos morales de turno sostenían que eso sí que
era un ejemplo de juventud “sana”, “luchadora”
y “creativa” al contrario que GH y, vamos, que a varios años
vista uno no duda de la fantástica nube de humo que supuso todo
ese estado de locura cantarilo-patriótica colectiva para que el
gobierno (que cuando la cosa iba bien no dudo que agenciarse el fenómeno
casi a modo de brazo cultural) colar la polémica LOU. Y, por los
pelos, casi el Decretazo. Y es que, ya saben, Europa estaba viviendo LA
celebración.
El problema llegó
cuando la broma empezó a ser algo realmente preocupante para el
bolsillo de algunos, una vez entrado el verano de 2001, en el momento
muchos artistas de los círculos comerciales tuvieron que bajar
sus cachés y recortar sus giras, cuando no suspenderlas, ya que
todas las ciudades y pueblos querían a los chavalines de OT juntos
o por separado, que aún por encima cobraban una barbaridad ( creo
recordar haber leído algo así como que el caché de
Rosa era, por aquel entonces, igual que el de ROCÍO JURADO) . Ahí
es donde empezó la paranoia colectiva del mainstream patrio y el
campo de abono perfecto para que los periodista vagos y perezosos demostraran
en bloque su “personalidad” e “integridad” con
toda su falsaria intensidad. Algo que dura hasta día de hoy de
la manera más cutre y chabacana posible.
En efecto, el artisteo
“serio” irrumpió de pronto de su complaciente mutismo
y, tanto da si se lo preguntaban o no, en cualquier entrevista o declaración
pública a modo de corporativismo gremial siempre había lugar
a un “NO A OT”, que poco después se completaría
con un “NO A LA PIRATERÍA” y, ya llegado este 2003,
el consabido “NO A LA GUERRA”, inevitable trío de cuñas
de la “honestidad” y el “compromiso” que, por
llegar, llegaron incluso a HOTEL GLAM en el delirio músico-cañí
más surrealista que ha vivido este país desde Fernando Esteso.
Así, muchos de los que se autoatribuyen el excluyente patrimonio
de la “calidad” en la música hecha por estos lares
– un variopinto espectro que va desde JOAQUÍN SABINA a SERGIO
DALMA, pasando por LOQUILLO a DELUXE -, no se resistieron a poner los
puntos sobre las íes con toscas maneras de enfado mayúsculo.
Desatando, en auténtica catarsis dialéctica, sus peroratas
anti OT a nada que se les pusiera un micrófono delante y ofertando
un monócromo pero amplio surtido de titulares ,dieron lugar a una
situación que no se recordaba desde la aparición de la infame
TAMARA y su posterior hundimiento por parte de la mafia que maneja los
hilos del mundo musical en este país, estableciendo (y barriendo
para casa, obviamente) lo qué es un músico o lo que no,
lo que es cultura y lo que no, etc... Mis sonrisas aún perduran
en ambos casos ante tanto despropósito..

Más delito tiene
si cabe esos periodistas todoterreno de la prensa diaria que (más
por culpa de sus jefes que de ellos mismos, todo sea dicho) un día
hablan de mecánica del motor, al otro de la Guerra de Irak y al
otro del pop, que encontraron en la comparativa con OT la muletilla perfecta
para rellenar sus comentarios sobre músicos “serios”,
que tras su exposición de motivos solían terminan con un
“ESTO SÍ ES MÚSICA, NO COMO OPERACIÓN TRIUNFO”
en todas y cada una de las sufridas y manoseadas variantes. Y el problema
no era, evidentemente, que se hablara mal de la rancia, llorona y pastelera
vulgaridad de OT (merecedora de toda la bilis critica que exista en el
planeta ) sino que lo que se ofrecía, por uno y otro bando en contraposición
daba verdadera lástima. La “música de calidad”
española, según estas esferas, pasa por HEVIA, LOMBARDI,
MELON DIESEL, LA OREJA DE VAN GOGH, AMARAL, COMPLICES, PRESUNTOS IMPLICADOS,
SERGIO DALMA, ISMAEL SERRANO, etc.. Yo, qué quieren que les diga,
no encuentro mucha diferencia entre unos y otros. Ellos (músicos
y críticos) sí. Veámoslas, pues.
En primer lugar se argumentaba
que eran artistas y grupos prefabricados como una cadena de montaje que
ejercían de marionetas de lo que otros dictaban. Con esa misma
lógica para quienes eso suscriben entonces no habrá problemas
en borrar de la historia musical la mayoría de la producción
de la Tamla Motown, desde las Supremes a la primera etapa de Marvin Gaye
¿no?. Por otra parte, también se apeló al que no
componían. Bueno en eso, al margen de que al parecer alguno de
los susodichos sí que componen, establecer el “no ser compositor”
al ser un “mal artista” equivaldría a decir que la
carrera de FRANK SINATRA, ASTRUD GILBERTO o la mayor parte de las de ELVIS,
NICO o MARIANNE FAITHFUL es bochornosa. Y claro, eso es mucho decir. Sobre
todo por quienes en su vida llegarán ni a una ínfima parte
de la contribución de estos nombres a la cultura del Siglo XX.
En tercer lugar se les
acusó de ser el brazo político del PP. En este tema había
que decir que sí, en efecto, mucho de eso hubo de manera bastante
lamentable. Me explico: el gobierno se apuntó el tanto (en la primera
edición, no así en las siguientes cuando el fenómeno
descendió y alguno le salió rana dando el cantazo padre
por los talks shows nocturnos), los puso cono símbolo de esta España
“sana”, “luchadora” y bla bla bla. Ellos, los
triunfitos, callaron. Aceptación tácita, que se dice en
términos jurídicos. Algo desde luego comprensiblemente criticable
para muchos que, eso sí, misteriosamente no aplican ni aplicaron
el mismo rasero para -un ejemplo de tantos- aquel MIGUEL BOSÉ agarrado
en primera fila de mitin de manera completamente explícita al PSOE,
aún incluso en su última etapa cuando todo aquello emitía
un nauseabundo olor a putrefacción. ¡Ah! y con su correspondiente
programa (El Séptimo de Caballería) en época socialista
que sí, también se pagaba con el mismo dinero público
que OT y también como descarado foco de negocio privado y promoción
de artistas para una determinada multinacional del disco. Pero en los
dogmatismos parece que lo que en una acera es simple y pura cacicada,
en la otra se trasforma súbitamente en labor social con múltiples
ventajas para la humanidad. ¿ Y que me dicen de “El Lingo”
del inefable RAMONCÍN cuando transitaba de punky de extraradio
a burócrata “enrollao” de la SGAE?. En fin...cosas
de ese socialismo de alto standing que tantos conciertos, programas y
trabajos pagados con erario público ofrece, con la siempre agradable
y llevadera protección del dichoso progresismo y, como no, la “cultura”
de por medio, que siempre será mejor que llevar la etiqueta de
“facha”, aunque en esencia, sean prácticamente lo mismo.
¿La diferencia?, pues ninguna más allá de la flor
o la gaviota que los auspicia y los alimenta hasta la obesidad.
(Por cierto, aprovecho
el momento y lanzo una pregunta que alguno se hace con bastante frecuencia
por aquí: ¿ es condición sin equanum ser de izquierdas
para hacer canciones?. Las respuestas, por favor, a la dirección
habitual.)

Como verán en las
anteriores argumentaciones existe un poco de todo, desde ignorancia alarmante
de la historia de la música popular a muestras de morro y filiación
mediática progre, con más cara y cinismo que espalda. Pero
sin duda el argumento más sobado es el de la, últimamente
tan manida, sacralización del esfuerzo y el sacrificio, de las
innumerables dificultades y obstáculos, que muchos de eso artistas
“serios” han tenido que pasar y que, los chicos de OT directamente
se han saltado a la torera. En fin, ante la estupidez contrapongamos obviedades.
Y es que esto, como decía mi colega Enrique Martínez en
alguna ocasión, no es precisamente el día de la madre y
no llega con la intención. Cuando uno se gasta 15 euros en un disco
le importan tres cominos si el artista lleva 10 años “currándoselo”
o si hace 1 mes que ha cogido la guitarra por primera vez. Lo único
importante es el resultado, si me emociona o no, egoísta que es
uno. Hay quien tiene talento natural y hay quien pese a romperse el alma
buscando la chispa no la encuentra en su puñetera vida. Cuando
Maradona, Romario o Djaminha salían al campo y asombraban al mundo
entero: ¿a alguien le importaba que no hubieran entrenado tanto
como sus otros compañeros?. Pues a ver si nos vamos aplicando el
cuento y dejándonos de tanta parábola de la semilla y la
cosecha, con que si el tipo de ha esforzado mucho o le ha venido “de
gratís”, si es simpático y agradable o un borde del
carajo, si es un niño pijo o de clase obrera, que si “hay
que apoyar a los grupos de aquí para hacer cantera”, etc...y
nos centramos de una puñetera vez en las canciones y en sus discos,
que estamos hablando de música, no en un tribunal de moralidad
ni en un concurso del cristiano del año . Sería algo así
como que los músicos y la crítica cumplieran de una vez
la mayoría de edad. Algo tan obvio como, sorprendentemente, infrecuente.
Bueno, llegado a este
punto cabe una reflexión. Si atendemos a todos los del “No
a OT”, da la impresión de que el panorama nacional de las
listas de ventas pre-OT era un idílico edén de estribillos
y melodías antes de la llegada de estas maquiavélicas artes
de degeneración musical. Uno, la verdad es no ha profundizado mucho
en las respectivas discografías de SERGIO DALMA, RAUL, DAVID CIVERA,
ISMAEL SERRANO, ELLA BAILA SOLA, EL CANTO DEL LOCO, LOS PIRATAS o LA UNION,
pero así, a primera vista, me cuesta encontrar en estos nombres
algo de superior calidad a la obra de BISBAL, CHENOA, VEGA, NATALIA o
BUSTAMANTE. Ambos, si de mí dependiera irían directamente
a la papelera de reciclaje junto a los periodistas, discográficas
y grupos de poder que los defienden y que, entre todos, han logrado que
las listas de ventas sean un campo abonado al encefalograma plano, el
adocenamiento y la creatividad cero desde que uno tiene uso de razón.
Y es que - más
allá de si componen o no, si los teledirigen o no, si son de derechas
o de izquierdas, o si se han partido el pecho o la inspiración
les ha venido por arte de magia- dejaría su lugar para quienes
realmente se lo merecen. No, no nos vamos a poner “estupendos”
y decir ahora que EMAK BAKIA, BALAGO o SCHWARZ serían números
1 de existir una situación donde el público tuviera acceso
y conocimiento por igual a todo tipo de músicas, pero, sinceramente,
no creo que sea descabellado asegurar que nombres como CHUCHO, COOPER,
EL COLUMPIO ASESINO, AROAH, NACHO VEGAS, APEIRON, APENINO, LA BUENA VIDA,
etc...tuvieran idéntico apoyo mediático que el mozo FRAN
PEREA, seguramente verían multiplicadas sus ventas y sus audiencias.
Ese es el verdadero problema, que los mejores nombres del momento apoyados
por los mismos de siempre permanecen bajo tierra, tal y como ocurrió
en los 90 con LOS PLANETAS, FAMILY o LE MANS y ocurrirá con toda
seguridad en la década presente con los grupos que verdaderamente
se merecen la pena y la gloria. Ahora, con la más que probable
desaparición del programa que se ha visto convertido en el luciferino
eje del mal y responsable de todos y cada uno de los males de la música
estatal, la situación no tiene pinta de variar un ápice.
Un BUSTAMANTE menos, un ALEX UBAGO más, la diferencia estriba en
el que el dinero cambia de receptor. Una relación inversamente
proporcional que tiene siempre el mismo y penoso resultado. “Ya,
pero el segundo hace sus propias canciones y se lo ha currado a muerte”,
escucho decir a lo lejos. ¿Ven como tenía razón?
JAVIER BECERRA (diciembre 2003)
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