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Este año se cumplen
cuarenta años de la formación de los ROLLING STONES,
y en este caso y dada su actual condición de banda en activo, cuarenta
años también de carrera más o menos ininterrumpida.
Como es lógico y habitual, y pese a las reticencias iniciales de
Mick Jagger, procederán a realizar algún tipo de
celebración, que se una a las que ya han comenzado por parte de
la prensa y a las inevitables reediciones conmemorativas de lo más
granado de su catálogo. Con certeza las celebraciones tendrán
como eje central una serie de conciertos, cuando no una monumental y mastodóntica
gira mundial. Algo que algunos celebrarán y que otros considerarán
como poco, ilegítimo.
Yo seguramente celebraré
estos cuarenta años en estas páginas mediante artículos
y críticas, porque no lo puedo evitar. Son una de mis bandas favoritas,
sino la que más, y escribir sobre ellos es un placer. Algo normal
si tenemos en cuenta que son una de las mejores de todos los tiempos y
los autores de algunos de los discos más importantes y memorables
de la historia del rock, y ene cierto modo una metáfora sobre el
rtock´n´roll en sí mismo. Pero si bien nadie les niega
sus méritos pasados (aunque muchos pasen olímpicamente de
ellos), no ocurre así con el hecho de que sigan en activo, hecho
éste que casi nadie parece perdonarles.
Yo sí. Esto no quiere
decir que con la cerrazón propia del fan los considere ahora tan
relevantes como en su primera, incluso en su segunda, década de
existencia. Su momento como centro creativo e innovador dentro del rock
pasó hace mucho tiempo. O que me parezca que están "en
plena forma" y majaderías por el estilo. Del mismo modo
que el rock ya no es "central", ellos tampoco. Tan sólo
considero legítimo que continúen en activo, y con cierto
espíritu crítico y el cariño que les tengo, observo
sus obras y actuaciones, juzgándolas (subjetivamente) en función
de su calidad, y sin despreciarlas por el mero hecho de que las hagan
con más de sesenta años de edad. Esto creo que me permite
captar los matices dentro del gris.
Por ejemplo: de los últimos
tres discos de los STONES, los hay mejores ("Voodoo Lounge")
y peores ("Bridges To Babylon"). En sus obras en solitario,
también. A nivel de constancia sorprendentemente, Ron Wood
es el más solvente. El mejor disco: "Talk Is Cheap"
de Richards (un pedazo de disco. El peor: probablemente el último
de Jagger. Sin embargo el penúltimo ("Wandering
Spirit") era un sólido disco de rock clásico, solvente
y bien terminado.
Sus giras: pues la última de presentación del flojo "Bridges
to Babylon" fue muy superior la de presentación del "Steel
Wheels", pese a haber diez años de diferencia entre ambas.
Si la regla de oro a aplicar es que cuando más viejo es uno peor
toca rock´n´roll (algo que si no se explica por la artritis
reumatoide o la senilidad, es difícil de entender) esto no sería
así. Pero cualquier observador desinteresado que haya asistido
a conciertos de ambas giras lo puede atestiguar.Es decir, hay matices
dentro del gris.
Pero aún cuando
sus giras y discos fuesen un desastre, esto no les haría más
merecedores de salir de la circulación que cualquier banda de veinteañeros
que haga malos discos y giras. Otra cosa sería mentir y decir que
sus discos o conciertos son buenos si no lo son. Pero considero absolutamente
defendible seguir en activo a los cuarenta años de haber comenzado.
Como es obvio, no es obligatorio que te gusten, ni hablar bien de ellos.
Pero utilizar el argumento de la edad es extremadamente pobre. Más
bien, pueril..
El mundo del pop y el rock
vive inmerso en la torpe ilusión colectiva del culto a la juventud,
en la extravagante creencia de la falta de experiencia como un valor añadido,
y no a la inversa. Uno no sabe si la caducidad aparente de los músicos
trae a algunos de los aficionados la evidencia de la suya propia y les
cuesta admitirla. Y en los más jóvenes, una incapacidad
para identificarse con los músicos que uno no termina de ver necesaria
para disfrutar de la música. Yo no soy un afroamericano místico,
pero me gusta "A Love Supreme" de John Coltrane.
O un inglés depresivo de buena familia: pero no se te ocurra robarme
mi copia de "Five Leaves Left" de Nick Drake.
Es verdad que un artista de cierta edad no puede transmitir ciertas cosas
porque sinceramente ya no se las cree él mismo. Por eso, lo más
lamentable de los conciertos de los STONES es que Jagger
cante "I Can´t Get No Satisfaction", cuando
todos sabemos que en el aspecto sexual debe estar más que satisfecho,
o en caso contrario, tiene un problema patológico. Es obvio que
cualquier concierto de los STONES tiene unas concesiones al gran
público y a la nostalgia que resultan en la mediocridad más
absoluta. Casi todas las bandas caen en esta trampa tarde o temprano.
Pero también es cierto que se han dado cuenta de ello, y sin renunciar
en absoluto al jugoso botín que esto representa, se han decidido
también en sus últimas dos giras a reciclar algunas de las
partes más desconocidas y brillantes de su repertorio, y así
poder disfrutar ellos y sus fans más fieles de una ceremonia de
este modo no exenta de cierto significado. No fue hasta 1.997 que los
STONES tocaron en directo la que tal vez sea su mejor canción:
"Gimme Shelter", un tema que por desgracia no
pierde vigencia en su mensaje. Y salvo en momentos muy concretos los shows
de los STONES son más musicales que visuales, abandonando
toda idea de rígido show multimedia y conceptual. Personalmente
vi más decadente la gira del POPMART de los más jóvenes
U2 que la última de los STONES.
Cuesta encontrar otra actividad
en la que te jubilen forzoso antes de la edad legal, cuando aún
hay gente dispuesta a contratarte. Pero es que en las artes y sucedáneos
como el rock, uno se jubila cuando se muere. No hace falta que nos vayamos
a la música clásica o al jazz (¿Acaso a Miles
Davis se retiró cuando se quedó ostensiblemente calvo?).
Es que, por ejemplo, Richards se considera a sí mismo un
alumno de la escuela de los bluesmen de toda la vida. Y como él
dice "Pienso hacer lo que hizo Muddy Waters: seguir hasta que
me caiga". Como John Lee Hooker, como ahora mismo B.B
King... A los cuales se les tolera o toleraba mucho más su
actividad que a los STONES.
Existen habilidades que
son producto de la práctica y de la experiencia acumulada. Y hay
tonterías que sólo se dicen, se piensan o se hacen cuando
uno es joven. No se trata de hacer un elogio de la madurez. Pero si hay
que indicar que cada edad tiene sus valores y aporta perfiles a cada personalidad
que la hacen distinta sin de dejar de ser uno mismo. Hoy Richards
toca mejor que nunca, Jagger (cuando le apetece, que suele ser
pocas veces) canta mejor que en 1968. Otra cosa es que estén finos
componiendo, pero esto siempre va por rachas.
No hace nada, Dylan
"estaba acabado". En los años ochenta nadie le
vislumbraba la salida a Neil Young de su propio pozo de mediocridad.
REM llevan veinte años en activo, y en el 2.001 han sacado su mejor
disco en diez años. SONIC YOUTH llevan casi el mismo tiempo. Johnny
Cash ni te digo. Hay una especial predisposición a darle caña
a los STONES. Tal vez porque el estilo de vida que encarnaron durante
un tiempo y que han alargado en algunos casos de forma increíble,
les debía haber conducido hace mucho a la tumba, para así
congelar su recuerdo en el imaginario colectivo. Tal vez porque nunca
han disimulado que no son "buenas personas". Keith
Richards es hoy por hoy bastante menos respetado que su difunto amigo
Gram Parsons. Es difícil sostener que Parsons (uno
de mis artistas favoritos) tuviese más talento o haya hecho aportaciones
más relevantes a la música que Richards. Pero no
tiene que defenderse de nada porque está muerto. Y los muertos
no se equivocan.
Pues bien los dos últimos
discos de Dylan son fantásticos exhibiciones de talento,
pero inconfundibles productos de su avanzada edad y sus circunstancias.
Los conciertos de Neil Young siguen siendo apabullantes, pero ya
son varios discos consecutivos sin dar el prodigioso nivel de la primera
mitad de los noventa: se le acabó esta racha. Y algún día
Nick Cave la cagará, seguro.
También se les suele
denostar por su presunta codicia, por las ingentes cantidades que manejan
en sus giras. Desde España, país poco stoniano, y Europa
en general, es difícil concebir cuán importante es una gira
de los ROLLING STONES en los Estados Unidos, país que les
ha dado siempre el cariño que muchas veces Inglaterra les ha escamoteado
en favor de Sir John Lennon y Sir Paul MCartney (y ahora.
convenientemente muerto, Sir George Harrison). Si saben que son
siempre el "hottest ticket" del negocio, no creo que
deban conformarse con cobrar menos que los que mueven menos gente. En
lo que se lo gasten después, es asunto suyo. Es mucha pasta, pero
la verdad, es que nadie renuncia a ella si te la dan por hacer tu trabajo.
Pero dudo que sigan sólo por la pasta: tienen ya más de
la que pueden gastarse, ellos y sus bisnietos. Y moviéndola con
destreza cada día pueden ganar más en la Bolsa que dando
un concierto.
Simplemente no saben hacer
otra cosa. En casa se aburren. Montaron el grupo porque era lo que les
gustaba y cuarenta años más tarde les debe parecer más
interesante la música que el estilo de vida que les vino de regalo
con ella, y para el que la edad sí es un inconveniente insuperable.
"Demasiado joven para morir, demasiado viejo para el rock´n´roll".
"Muere joven y deja un bonito cadáver". Son la clase
de tonterías que sólo podemos decir los jóvenes.
Y los adultos que no se resignan a serlo.
ENRIQUE MARTÍNEZ

No. El problema
de los STONES, o de los ROLLING, como siempre les ha llamado
el pueblo llano en España, no es la edad. No lo es para Neil
Young, que aunque lleve diez años sin facturar un gran disco
(bajando mucho el listón, nos vamos al 89 para encontrar algo similar
a eso en "Steel Wheels"), al menos mantiene una actitud
digna en sus conciertos. Obviemos (como en el caso de U2 o el de Bruce),
su participación en ese melifluo "Tributo a los Héroes"
tras el 11-S, mal evidente en todo el rockerío del primer mundo:
se entusiasman por apoyar a las causas "correctas" como
el Tíbet y tal pero no se pronuncian por situaciones más
incómodas, como la invasión de Palestina por Israel o los
mismos bombardeos yanquis sobre Afganistán.
Perdón
por la digresión, pero me podían las ganas. Sigamos: los
años tampoco son problema para el "Boss",
viendo que todavía es capaz de hacer canciones como "American
Skin (41 Shots)" o álbumes como "The Ghost
Of Tom Joad". Dylan, pese a sus directos no siempre convincentes,
sigue sacando grandes discos. Bowie quizás tendrá
menos inspiración, pero sigue mostrándose como un artista
inquieto. OASIS, en cambio, acaba de alcanzar la treintena y ya es un
grupo inmovilista, acabado, soso, completamente falto de inspiración.
Eso es lo mismo que les sucede a los STONES desde hace mucho tiempo,
aunque su caso sea mucho más indignante y ni siquiera pueda ser
justificable por el mayor o menor mantenimiento de su calidad técnica:
un factor que desde 1977 ha dejado de ser condición suficiente
para dotar de valor a un artista.
Para empezar,
sus shows tienen más de acontecimiento social que de verdadero
interés por la música. La gente va a ver a los ROLLING
como quien va a las galas de Operación Truño. Realmente
se la pela que toquen "Gimme Shelter" o el himno
de la Legión. Para los más veteranos es el "Efecto
Postal de Benidorm", un recuerdo de cuando eran jóvenes
y traviesos desde la perspectiva triunfadora y autocomplaciente del nuevo
rico. Para los más jóvenes es como ir a un museo a ver a
un diplodocus: algo que nunca vivieron ni conocieron y de quien todavía
pueden ver una réplica. Bastante inexacta, eso sí.
Permítanme
que vuelva a lo del veterano nuevo rico. Como bien sabrán, el poder
en los medios de comunicación es detentado por fachas reciclados
o por ex-progres reciclados a centro-derechistas que, en la mayoría
de los casos, han sobrepasado con creces la treintena, cuarentena o cincuentena.
Para ellos, cada separación o reunión de los ROLLING
(pura excusa para titular, porque estos pesados nunca se han ido, como
ya saben) es prácticamente la única noticia tangente con
lo musical que es susceptible de ocupar telediarios, programas rosa, portadillas
de dominicales y secciones de cultura, comentarios pre-publicidad de Antonio
Gasset en "Días de Cine " (verídico)
y tertulias de la tarde mientras a los artistas realmente releventes se
les sigue silenciando. Cualquier cagada de Jagger o McCartney,
como saben, tiene mayor repercusión mediática que los hechos
realmente importantes para el devenir de la música contemporánea.
En un artículo que leí hace poco, Diego Manrique
reflexionaba sobre esto escandalizándose con un dato chocante:
en una de las últimas giras de los Stones, le pidieron que hiciese
la crítica de sus tres conciertos en España (por supuesto,
idénticos) cuando, y esto lo cuento por experiencia propia, conseguir
sacar media columna sobre RADIOHEAD el día siguiente de su presentación
de "Kid A" es una dificilísima empresa sometida
a la confluencia de una multitud de factores azarosos.
Les invito
a repasar, por cierto, cuáles han sido las plazas en las que han
recalado los ROLLING en sus últimas giras españolas.
Efectivamente, es el típico grupo por el que pujan las concejalías
de fiestas tipo Gijón, Málaga, Vigo (no se engañen,
es también uno de los sueños húmedos de Paco Vázquez)
para engañar a su electorado más palurdo y, al mismo tiempo,
hacer creer a la opinión pública que son ciudades importantes
porque este año tocan ahí los ROLLING y no lo hacen
en Madrid.
Todo ello (lo de los medios y lo de los políticos que se van de
enrollaos) lo que hace es reafirmar, gira tras gira, su carácter
de espectáculo institucional y políticamente correcto, un
circo, una máquina de hacer dinero, puro entretenimiento aburguesado
y acomodaticio. No sólo se ríe del carácter subversivo
de los inicios del grupo sino que incluso transforma su impronta sociológica:
si alguien recuerda lo que supuso para la España del puño
y la rosa su visita en el 82 (justificable como deuda pendiente tras la
promesa de la banda de que no visitaría el país mientras
Franco estuviese en el poder, cosa que no sucedió con los BEATLES),
ahora celebran el fiestorro de la España globalizada y neoliberal
asolándonos con continuos tours.
Que lo hagan
o no por el dinero tampoco me parece relevante. Cierto que hay reuniones
más justificables en caso de necesidad (¿era esa la razón
para la vuelta de BAUHAUS o BLONDIE?), pero también hay miles de
ejemplos de que las amplias sumas de dinero siempre aspiran a hacerse
más amplias. También es posible que a Jagger y compañía
les pongan los baños de masas y que eso lo echen de menos en sus
casas. Quizás tampoco les falten incautos aduladores (en realidad,
hábiles mercachifles) que les convenzan para que no hagan lo que
deberían haber hecho hace unos 25 años: retirarse.
¿Por
qué? Porque los ROLLING STONES, en definitiva, son los principales
culpables de que el rock haya perdido su carácter antisocial y
contestatario para convertirse en un entretenimiento corporativo, conformista
y ridículo, un negocio cuya única utopía residual
(bastante más fácil de conseguir si se tiene una buena cuenta
corriente) es el deseo de seguir siendo joven.
Lejos de aquellos
STONES peligrosos de "Performance", de la banda
a la que filmó Godard como símbolo del glamour y
la rebeldía de una época, ahora representan la decadencia
absoluta de sus ideales y justifican el espíritu hegemónico
de los 80, los 90 y la década del 2000: falta de confrontación
ideológica, descreimiento, desencanto, marasmo social y cultural.
El único valor de esos grotescos "spitting image" que
se aprestan a volver a los escenarios por enésima vez podría
residir en tomar parte de su legado, aislarlo y subvertirlo para volver
a incordiar al "establishment" y hacer que evolucione el espíritu
de los tiempos. Al igual que Sid Vicious cantando el "My
Way" de Sinatra, la mejor noticia relacionada con
los STONES en los últimos 20 años ha sido la versión
de "Satisfaction" perpetrada por Björk
y PJ Harvey en la entrega de los premios MTV del 97. Toman la postal,
la rompen y la reconstruyen dotándola de nuevos significados. Así
sí, pero, por favor, que no nos vengan con el souvenir amarillento
y nos lo vuelvan a meter hasta en la sopa como si eso fuera lo más
grande (o lo único) que nos puede deparar el rock. El pasado pudo
haber sido suyo pero, me cago en Dios, dejen el presente libre para quien
se lo merece.
DAVID SAAVEDRA
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